La historia de Lastres

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Publicada por Redacción Búscolu el 17/10/2005 00:00:00

La historia de Lastres

Bello lugar y puerto éste del concejo de Colunga, hermoso núcleo marinero, enclavado en un fuerte declive al borde del mar, de callejas empinadas, estrechas, de pintoresco aspecto y casas escalonadas en áspera pendiente desde el borde del mar hasta la ermita de San Roque situada en la zona alta del pueblo, desde donde se divisa una panorámica inigualable.


Panorámica de Lastres :: Fuente www.proalnorte.com
 Panorámica de Lastres :: www.proalnorte.com

La población de Lastres, sobre extensa concha y anclaje, uno de los mejores de España, es de pescadores valientes y honrados como a lo largo de los siglos han demostrado, no sólo en el desempeño de su arriesgada profesión, sino también en las marinas mercantes y de guerra.

No pocas son las hipótesis acerca del origen de su nombre, por lo cual no podemos de ningún modo analizar una por una, pero como cita Constantino Cabal, otro fue el nombre originario de este núcleo. La advocación que tiene la parroquia es la de Sta. María de Sábada, pero no hay nadie que la llame Santa María de Lastres en todo el pueblo, se llama hoy mismo, Santa María de Sábada, actual parroquia , que comprende los términos de Luces, Lastres, Astuera y Vistalegre.

Lastres
 Puerto de Lastres

En los documentos remotos es éste efectivamente , el nombre del lugar.

Se sabe que cuando los romanos abordaban en una país y no hallaban puerto conveniente escogían un paraje favorable para anclar, “ad anchoram stabat vel in statione tenebatur” (Tito Livio). Julio César, cuando maniobraba sus naves para evitar los verdaderos puertos en que pudiera acechar la fuerza enemiga, buscaba entre los peñascos una “quietam....stationem” en que podía tener seguridad, buscaban un sitio cómodo en el que poder estar tranquilamente y echaban el ancla en él. El ancla stabat, pues “in statione” y eso debió ocurrir con esa armada en la ensenada de Lastres, lo que dio nombre al lugar “Stabat” y de aquí “Sábada”.

Lastres
 Puerto de Lastres

Un documento del rey Magno, en la era de 943, en el que otorga un importante número de bienes a la iglesia de San Salvador de Oviedo, “in territorio Maliaio” y sobre la misma costa en la que dice el rey “litore maris”, le otorga bienes “in Sátava”, luego Sábada.

Según el coronel don Juan Antonio Suárez Victorero y Robledo, caballero de la Orden de San Juan , vecino de dicho puerto, que realizó un magnífico estudio titulado “Descripción geográfico –histórica del concejo de Colunga en el Principado de Asturias”, en dos libros, el primero alusivo a sus producciones en los tres reinos de la naturaleza y el segundo en el que dedica, como es lógico, una atención especial a su pueblo natal, titulado “ Noticias Históricas del puerto marítimo de Lastres”, en el año 1.837, a pesar de no constar por documentos la etimología de su nombre ni el origen de su fundación, se tiene la tradición vulgar , transmitida por los antepasado, de que formó el nombre de tres casas edificadas por tres familias, que, habiendo emigrado de otros pueblos de la provincia, consideraron muy adecuado el lugar para el ejercicio de su trabajo: la pesca. Por una serie de razones de tipo lingüístico fundamentalmente, sobre las que no nos extenderemos, parece una hipótesis bastante aventurada, y poco probable.

Lastres :: www.proalnorte.com
 Lastres

Otra hipótesis , mucho más aceptada, parece que basa su origen en grandes peñascos lisos y bruñidos a los que se da el nombre de “laxas”, en lenguaje local, “llastres”, hipótesis más corroborada aún, siempre y cuando aparece un lugar, dentro de los términos de la parroquia, que aún conserva el nombre de “les llastres” . Las lastras –esto es- “les lastres”, según Constantino Cabal, dieron nombre a este pueblo bajo Roma, igual que se lo dan hoy.

Conocida es aunque no demasiado, la importancia de Lastres en la época romana. Era Lastres, en efecto el “puerto” que se utilizaba para enviar a Roma los minerales de las explotaciones de la zona, pero parece ser que también era el lugar donde embarcaban con destino a Roma periódicamente los míticos y robustos caballos asturcones del Sueve.

Muchas cosas se nos van a quedar necesariamente en el tintero, por razones obvias, ya que son temas muy amplios y complejos que, además de necesitar un estudio científico muy concienzudo, tales como noticias sobre la pesca de la ballena, ya en el siglo XVI o el importante papel comercial desempeñado por el puerto, o su industria pesquera, entre otros, serían objeto de un trabajo más amplio, pero aun así trataremos de incluir en esta breve reseña histórica noticias sobre hechos importantes e hijos preclaros de este solar, de apellidos bien conocidos, como Victorero, Lastres, Pedrayes, Foyo, Alcalá, Robledo, Luces, Cordera; Marina, Cristóbal o Busta entre otros.

Lastres
 Lastres

Existe en el campo de la iglesia, una columna de piedra del siglo XV que antes estuvo en el crucero un poco más arriba de Astuera , con capitel de una sola pieza sobre una grada de cuatro escalones , sobre el que se eleva una artística cruz con Cristo en una cara y la Virgen en la otra. Dentro del pueblo hay numerosas ermitas y capillas, algunas con estimables retablos barrocos, como la capilla del Buen Suceso, del siglo XVI, que cuenta con un magnífico retablo barroco; ¿qué vamos a decir de la de San Roque, de todos conocida?, la iglesia moderna que también cuenta con extraordinarias joyas del arte barroco, fue construida entre los años 1791-1794, a expensas de don José Robledo y Colunga, coronel del Ejército en Lima y director del Real Tribunal de Minería del Perú, que redimió también cuantiosos censos que pagaba su pueblo natal.

Consta que en 1.611 los pescadores del puerto de Lastres pagaban al cabildo ovetense por cada uno de los vecinos “seis” pescados grandes por cada casa y por la Chancillería de Valladolid en 1.613, se amparó a la iglesia en dicho tributo, que se anuló por nuevo fallo en 1.615.

En el siglo XVII contaba treinta embarcaciones de distintos portes, destinadas a la pesca de las sardinas, besugo, bonito, merluza y ballena, había fábricas de escabeche, que se exportaba para Castilla y fábricas de arenque, cuyo vestigios existieron hasta hace bien poco. También reunía 26 buques mayores para el comercio con los puertos de Galicia, Portugal, Andalucía y con los de Ámsterdam, Londres, Edimburgo y Burdeos y otros del extranjero; existen varias sociedades mercantiles en el siglo XVIII, lonjas y grandes almacenes.

Lastres
 Puerto de Lastres

El muelle, construido sin arte, no podía resistir los embates de una mar tan brava, y el comercio marítimo y la industria fueron en decadencia progresiva. En 1.773, por cédula de Carlos III, se mandó reedificar dicho muelle, cometiéndose el conocimiento y exclusiva intervención de la obra a los Regentes de la Audiencia, pero esta medida no tuvo buenos resultados, porque en los trabajos intervenían personas comisionadas por los Regentes, los cuales abusaban de su cometido. Cesó pues, en 1.807, por orden del Ministerio de Marina, desde cuya época fue destruyéndose por la violencia del mar, cuanto se había edificado y si bien en 1.815 por orden del mismo Ministerio se levantó un plano para la nueva construcción, no produjo resultado alguno por la oposición que experimentó en el Cuerpo de Ingenieros de la Real Armada. Finalmente, en mayo de 1.821, los habitantes de Lastres recurrieron a las Cortes con una minuciosa y sentida reseña de las causas de la anterior prosperidad y decadencia de su puerto y tampoco lograron remedio alguno hasta que, por fin, se construyó el pequeño muelle, hoy visiblemente ampliado por el moderno, uno de los mejores de la costa cantábrica en la actualidad, aunque parece que nunca llegará a alcanzar el pasado esplendor de los siglos XVII Y XVIII, donde como antes hemos dicho, era centro de operaciones mercantiles de ricos y activos armadores, en relación con otros puertos de la Península, de Francia e Inglaterra, centro industrial y comercial con tonelería, industria de escabeche y salazón , acopio de cecial, numerosa arriería y además se crearon instituciones piadosas y de enseñanza para primeras letras y Humanidades, ésta en la llamada “colegiata”, creando don Francisco Lue González una cátedra de Latinidad, además de haber cuartel de artillería con soldados para manejar los cañones de la batería existente.

En 1.557, estando el litoral asturiano amenazado por las escuadras enemigas, se ordenó por real disposición fortificar dos puertos de la costa, orden que fue comunicada a los colungueses para que cada vecino , según tuviere la hacienda y es costumbre en esta villa y concejo, recogiere armas y municiones, la milicia local puso centinelas en Lastres y La Isla y fueron nombrados veedores don Juan Alonso de Covián y Suero de Rivero y se creó el puesto de artillero de Lastres, con una retribución de dos ducados y medio al mes.

Lastres
 Pueblo de Lastres

Durante la guerra de Sucesión (1.701-1.714), Lastes sufrió el cañoneo de navíos extranjeros. Al paso del general Bonet, en 1.809 (Guerra de la Independencia), las tropas francesas saquearon la villa de Colunga y quemaron el archivo municipal, fortificándose en la altura de la iglesia, como también en 1.810 y además en Lastres. Aquí repararon los antiguos baluartes del puerto y utilizaban su artillería para impedir desembarcos de armas y pertrechos como los realizados en diferentes ocasiones por barcos ingleses para las fuerzas de Ballesteros y del animoso guerrillero don Salvador Escandón.

En esta guerra combatió un regimiento llamado “Colunga”, creado en 1.808 al mando del cual estaba don Francisco Martínez Casavieja.

Lastres
 Puerto de Lastres

Entre los numerosos hijos ilustres del lugar podemos citar a fray Alonso Victorero agustino, Ministro General de su orden en España e Indias; fray Pedro Colunga, insigne trovador en el siglo XIV; don Bernardo Riega, del Consejo y Cámara de Castilla, el cual murió siendo gobernador del Consejo; don Benito de Lue y Riega, obispo de Buenos Aires , que murió envenenado por los insurgentes en los primeros momentos de la revolución; el doctor don Agustín Victorero, canónigo cardenal de la iglesia de Santiago, insigne jurisconsulto y canonista; fray Bernardo Foyo, de la orden de San Benito, gran teólogo y matemático; don Agustín Pedrayes, excelente matemático que fue comisionado con el señor Ciscar a París por el Gobierno Español para el arreglo de pesos y medidas; don José Miguel Alcalá, insigne literato y humanista , bien conocido por sus traducciones y por las notas eruditas con las que las adornó; el coronel D. José Robledo, fomentador de la industria minera del Perú, y al que antes nos hemos referido al dar noticias de la nueva iglesia, dotada con ricos ornamentos y alhajas, en los que se invirtieron más de 40.000 duros de la época; don Alejandro Cantillo, oficial 1ª de la Secretaría de Estado y autor de la obra titulada “Tratados de paz y comercio”; Alonso del Río, almirante en 1.561, o Martín Alonso de Lastres, caballero de Alcántara, autor del “Memorial genealógico de la Casa de Pineda” (Córdoba, 1.695), entre otros muchos que no se citan por no extenderse demasiado.

De todos es conocido que pueblo y villa sostuvieron, hasta no hace mucho, una tradicional rivalidad, de la que aún permanecen algunos destellos reflejados en bromas e ironías populares, de marcado carácter local, pero que en el siglo pasado y la primera mitad del presente fueron causa de lamentables desgracias.

De aquella enemistad es muestra este cantar de los de Colunga:

“Vale más una morena de
la villa de Colunga
que una tripera de Llastres
con toda la su hermosura.”

A lo que respondían los de Lastres con este otro:

“ Vale más un marinero
con los zapatos de lona
que veinticinco aldeanos
con la montera picona.”

Cuando en 1.758 visita el concejo D. Juan Manrique de Lara, obispo de Oviedo y Colunga y Lastres se disputan el honor que sólo en una de sus iglesias administre el prelado el santo sacramento de la confirmación, se canta en Colunga en los festejos organizados en su honor:

“Don Juan Manrique de Lara,
primo del Conde de Luna
aunque rabien los de Lastres
ha confirmar en Colunga.”

Pero como el obispo fuera a Lastres no se le perdona tamaño desaire y a su regreso a Colunga, le saludan de esta manera:

“Ilustrísimo señor,
¿cómo le fue por el puerto?
Estábamos esperando
cuando tocaban a muerto.”

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