La tradición ballenera lastrina

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Publicada por Redacción Búscolu el 26/02/2006 00:00:00

Toda la información sobre la pesca de ballenas en el Puerto de Lastres.

Las noticias históricas más antiguas que acreditan las actividades balleneras en las costas cantábricas se remontan a los primeros años del Siglo XI, mientras que en el litoral asturiano están plenamente documentadas desde el primer tercio del Siglo XIII.

Lastrinos a la pesca de la ballena
 Ballenero de Lastres

El mes de marzo del año 1232 se constata la primera cita documental a la caza de ballenas en Asturias en el puerto de “Entrelusa”, (pequeña cala situada en la costa de Carreño, al abrigo del islote de Entrellusa, en el término actual de la Ciudad Residencial de Perlora). En la Carta Puebla otorgada en 1270 a los hombre de la Tierra de Valdés se menciona expresamente el “Puerto de Vallenación”, término que parece tener una clara referencia con la práctica ballenera en las cercanías de la villa y el puerto de Luarca. De finales del siglo XIII, año de 1291, es un documento que confirma la existencia de dicha actividad en el litoral oriental asturiano, en el que figura la renta anual que se satisfacía a los monarcas castellanos sobre la “ballenación de Turnada” topónimo que se identifica con la actual playa de Toranda, situada entre el cabu Prietu y la embocadura de la pequeña ría de Niembro (Barro, Llanes). Otros dos testimonios documentales pertenecientes a la colección diplomática del monasterio de San Vicente de Oviedo reseñan los repartimientos de los beneficios obtenidos con la actividad ballenera en dos pequeños enclaves costeros de la zona central asturiana que estaban bajo el dominio de ese importante centro monástico. Se trata del pequeño puerto d´Estazones (Villaviciosa), año 1294, y del lugar de Antromero (Bocines,Gozón), fechado en 1331. A partir de las primeras décadas del siglo XVI las fuentes documentales aportan abundantes referencias sobre las actividades balleneras en nuestras costas, y durante la centuria siguiente comienzan a escasear sus capturas, lo que determinaría su abandono definitivo en los primeros años del siglo XVIII. En estos documentos aparecen mencionados la mayoría de los actuales puertos pesqueros asturianos en donde se practicó esta actividad. Así, de oriente a occidente figuran los de Llanes, Ribadesella, Lastres, Gijón, Candás, Luanco, Cudillero, San Pedro (Bocamar), Luarca, Puerto de Vega, Viavélez, y Tapia de Casariego, aunque es bastante probable que también se realizase en otros puntos del litoral, algunos ya conocidos anteriormente como Tazones y otros que aún conservan vestigios y recuerdos de su pasado ballenero: Cadavedo, Ortiguera... Durante el mismo periodo adquieren un destacado protagonismo los pescadores y balleneros vascos, principalmente guipuzcoanos, que al tenor de la documentación conocida monopolizarían casi en exclusiva la caza y comercialización de las ballenas a lo largo de toda la costa cantábrica.

Para hablar de la pesca de la ballena en Lastres, que mejor que remitirnos a las palabras de el Coronel D.Juan Antonio Suarez Victorero Robledo, que en su Descripción Geográfica del Concejo de Colunga,...

Noticias Históricas del Puerto marítimo de Lastres

Capitulo VII: La pesca de la Ballena y su beneficio

“No solo practicaban estos naturales las pescas conocidas en los demás puertos de la Provincia con una aplicación y conocimientos sobresalientes, sino que emprendieron otra de mayor provecho, la cual en el día solamente se ejercita en los mares septentrionales de Europa, y en espaciosos golfos, hablamos de la pesca de la ballena. Sabemos por repetidas experiencias, que los peces, sufren frecuentes emigraciones ya de periodos de mucha duración y ya sabemos, las mas veces acosados por otros que siendo por naturaleza sus enemigos a imitación de los animales terrestres persiguen y los matan sirviéndoles de grato manjar. La variación de los tiempos, y sobre todo de la esterilidad de ciertas producciones del mar de que se alimentan, pueden ser el origen de estas grandes emigraciones. Sea lo que fuere, lo cierto es que en las costas de Asturias, según indica P.Carballo, en sus antigüedades, era bastante conocida la pesca de la ballena, de la cual se dice sacaban los naturales buen producto. Desde el día y aun desde los primeros años del siglo pasado, desaparecieron de estos mares estos cetáceos, presentándose a lo más uno por los meses de Octubre y Noviembre, cuya llegada tienen los marineros por presagio, cierto de una tempestad deshecha. Era esta pesca un ramo de mucha consideración en el puerto de Lastres, generalmente corría al cargo de un sujeto acaudalado, que arrendando al lugar la casa fábrica y utensilios necesarios para el beneficio del saín, se encargaba de todos los gastos de este establecimiento, para ser saldadas por los marineros que se empleaban en el, manutención de varias familias Vizcaínas particularmente destinadas a esta pesca; y otras costos, abonando al fondo común del lugar aquel quiñón que por contrata pública se estipulaba. Así la poseyó muchos años D.Gutierrez de Hevia vecino de Villaviciosa en el siglo XVI y en el siguiente.

Playa de Lastres, donde se realizaban los despecies de las capturas
 Playa de Lastres, donde se realizaba el despiece

La practicaban por medio de varias lanchas bien prevenidas de arpones, fisgas y otros instrumentos y aparejos necesarios al efecto: establecían vigías a lo largo de la costa como en el circuito de dos leguas que, acechando la llegada de estos cetáceos la indicaban con humaredas haciéndose a la mar en busca de la presa, la cual herida, desangrada y muerta era remolcada a la playa a donde estaba la casa destinada para el beneficio de la grasa.

El producto de esta pesca, era sin duda alguna de mucha consideración y quizá su vencimiento anual no bajaba de los cien mil reales. Se conservan pocas noticias de este establecimiento, sin embargo de haberse extinguido totalmente como a principios del siglo último. Tenemos no obstante a la vista una escritura de arrendamiento otorgada por los vecinos de Lastres en el año de 637 a favor de Pedro Balbín vecino de Villaviciosa a quien ceden esta pesca por el espacio de doce años y le entregan la casa y los utensilios para el beneficio de la grasa con el cargo de redimir varios censos tomados por el proseguimiento de los pleitos de que hemos dados ya como noticia, y la satisfacción de los réditos que se fueren devengando hasta la total extinción de los capitales. Por este tiempo, ya se había escaseado notablemente esta pesca, la cual cesó enteramente poco después conservándose solo hasta nuestros días los muros de la fábrica, los instrumentos de que se valían para herir a estos enormes peces y mucha osamenta de estos...”

Esta actividad estaba totalmente organizada y ocupaba a un buen número de personas altamente especializadas, por lo que existía un tipo determinado de asociación o concierto denominado compañía, de características muy similares en todo el Cantábrico. En un principio tan sólo participaban en ella empresarios, armadores y los propios pescadores, pero con el paso del tiempo las compañías pasaron a ser controladas por las poderosas cofradías y gremios del mar establecidos en cada puerto. En ellas quedaba fijada la contratación para realizar la caza de ballenas por temporadas o costeras concretas, la organización de dicha pesca y la regulación de las condiciones económicas de todos los que participaban en ella. La compañía también cubría el servicio de vigilancia y localización de las ballenas, que se realizaba desde pequeñas torres ubicadas en lugares y promontorios estratégicos con amplia visión de la costa, denominadas genéricamente atalayas. Esta misión estaba encomendada a los talayeros, que se encargaban de otear el horizonte marino y avisar de la presencia de ballenas mediante humaredas y otras señales.

Barrio ballenero de Lastres
 Barrio ballenero lastrín

La costera de ballenas en Asturias se desarrollaba durante la época invernal, fundamentalmente entre los meses de noviembre y febrero. Avistada la ballena, y tras la señal convenida, salían del puerto en varias embarcaciones provistas de los instrumentos y útiles necesarios para proceder a su captura y muerte, tales como arpones, estachas, lanzas y sangraderas, que en el argot ballenero formaban la parte del “armazón”. Estas lanchas, denominadas según las épocas pinazas, chalupas, esquifes... estaban tripuladas por entre seis y ocho hombres que manejaban los remos e intentaban aproximarse lo más posible al cetáceo. Entonces entraba en escena la figura del arponero, sin duda el más importante de todos los que participaban en el lance, pues de su destreza dependía en gran medida el éxito de la empresa. Éste, desde la proa de la embarcación, lanzaba su largo arpón de hierro con el que hería al animal. Tras este primer arponazo, la ballena quedaba unida a la lancha por medio de una larga estacha o cuerda de cáñamo ensartada al arpón, entonces muy enfurecida, intentaba escapar sumergiéndose bajo el agua, pero cuando volvía salir a la superficie desde el resto de las embarcaciones le clavaban más arpones para debilitarla, sobre todo las denominadas sangraderas, produciéndose grandes heridas hasta lograr desangrarla y matarla.

El final de la captura

Muerta la ballena, era remolcada hasta el puerto de origen, en donde se remataba en pública subasta ante la presencia del escribano y de los representantes de las instituciones que participaban en el reparto, que estaba convenido de antemano según las costumbres de cada puerto. Así en la mayoría de los puertos asturianos una parte era para el arrendador del puerto y de la actividad, generalmente el Ayuntamiento respectivo, aunque en otras ocasiones eran las jurisdicciones señoriales quienes ejercían estos privilegios. Otra parte sustancial solía ser para la Iglesia, bien para la fábrica parroquial, el cabildo catedralicio o para el sostenimiento de algunas cofradías religiosas vinculadas a la marinería local. Para la parte más importante la llevaban los arrendatarios o empresarios que explotaban su captura y posterior comercialización (en la mayoría de los contratos conocidos se trataba de comerciantes y armadores de procedencia guipuzcoana). Éstos eran los que repartían, mediante quiñones con los miembros de las compañías participantes en el lance, las cantidades asignadas con anterioridad. Entre estos últimos gozaban de privilegios los tripulantes de la primera chalupa que había logrado herir al cetáceo y en especial el primer freidor o arponero, que recibía además de su sueldo una aleta de la ballena capturada y tenía la potestad de designar las lanchas que ayudarían en las posteriores tareas, con lo cual también participaban en el reparto de beneficios, al igual que los pescadores ancianos y enfermos y las viudas de los que con anterioridad habían tomado parte en las capturas.

Tras la subasta se procedía al despiece del cetáceo en la misma ribera y finalmente, en un pequeño cobertizo establecido en la mayoría de los puertos denominado casa de las ballenas, sobre hornos de leña, en grandes calderas metálicas, se iban derritiendo los numerosos trozos de grasa del animal hasta obtener el apreciado aceite o saín. Este aceite una vez derretido, se guardaba en barricas de madera y era transportado en su mayor parte hasta los puertos guipuzcoanos, desde donde se exportaba a varios países europeos. El saín, por su excelente calidad y abundancia, sería objeto de un intenso tráfico comercial durante varios siglos, pues desde los tiempos medievales era el combustible más utilizado para el alumbrado hasta la llegada del petróleo.

De la ballena se aprovechaba prácticamente todo, además de su grasa una parte de la carne se preparaba en barricas de salmuera para el consumo humano, y junto con las barbas, muy apreciadas en la elaboración de material de corsetería, todo era comercializado por el comprador. Mientras que los restos óseos del cetáceo eran utilizados fundamentalmente en la confección de muebles y como elementos constructivos en las viviendas más modestas de los propios pescadores, así como en la elaboración de una variada gama de artículos. Por todo ello, no cabe duda de que la actividad ballenera constituiría una importantísima fuente de riqueza para los numerosos puertos asturianos que se beneficiaron de sus capturas.

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