Trabajo sobre la famosa obra del genial pintor español.

Un error en el encaje en un cuadro de un gran genio

El Cristo en la Cruz, de Diego de Silva y Velázquez

Ya se ha escrito mucho,   durante trescientos años,  sobre el Cristo de la Cruz,  de Diego de  Silva y Velázquez,  sin llegar nadie a explicarse   por qué pintó esos cabellos,  que cubren  el rostro en parte.

Ese estupendo cuadro, según dice Eugenio D´Ors:

 -es la dignidad suprema, por lo  sobrio, por lo humano, por la admirable ausencia de la fealdad humana y la divina belleza. Pues su cuerpo no es tan feo como lo pintara El Greco, ni tampoco es tan bello como lo será el goyesco.

Y continúa D´Ors:

-Es noble, he aquí todo. No tiene cara, que los cabellos la ocultan. No tiene  sangre con que abrevar románticamente la compasión. No tiene compañía humana para hacer visajes en que se retraten las pasiones..

El gran Miguel de Unamuno ha escrito un largo poema, que consta de cuatro partes:

-¿En qué piensas Tú, muerto,  Cristo mío?

¿Por qué ese velo de cerrada  noche   

de tu abundosa cabellera negra

de Nazareno, cae sobre tu frente?

Pregunta en la  primera  parte, y responde en la tercera, al tratar de la Cabeza:

 -Tu rostro como oculto y despreciado

Con la vergüenza del común linaje.

Dormido de dolor sufres del mundo  todo el pesar.

El mal que obran los hombres

Sólo Tú en sus raíces lo conoces..

Y más adelante sigue:

-Sobre tus hombros cae como una cascada

de vida, desbordante, tu melena

virgen de nazareno, esa gavilla

morena de opulencia,

 a la que nunca tocó navaja.

Fuiste, desde el vientre de tu  Madre,

a tu Padre consagrado,

nuevo Sansón, y es de  fuerza símbolo

ese apretado haz de tus cabellos

como tus fieles, que en mechones vivos

se apoyan en tu pecho...

 Y sigue, Unamuno; en su poema:

-Vélate la melena las orejas,

cual por misterio que trazó tu Padre.. 

En todos estos siglos, nadie se ha parado  a observar el  evidente error en el  encaje, pues la parte del rostro a la vista no se corresponde con la parte alta de la cabeza, ni con la corona de espinas. Por ello, no podía terminar de pintar el Santo Rostro... si no  enmendaba  el encaje inicial de la cabeza..

Quizá, desde el  otro mundo   

 Don Diego está esperando,

 con sonrisa socarrona,

que se descubra  el secreto

de su cabeza mal pintada.

 Puede que, en vez de un error,

sea la solución genial de un gran artista

que no quiso enmendar lo ya  pintado..

.Que, al ver el Divino Rostro así  encajado,

buscó el mejor sistema, camuflando

el resto de la cara con el pelo. 

Quizá pensó, con este engaño,

que nadie descubriera su secreto.

Consciente de la  trampa realizada,

sereno, prefirió pasara el tiempo...

Y el tiempo ya pasó: más de tres siglos..

Y el cuadro ya inspiró a  mil poetas.

Pues la raya del  cabello,

del eje de la elipse desviada,

 hacía imposible pintar el resto de la cara...

.Pues la parte de la cara ya pintada

no puede completarse...

no puede repetirse ni enmendarse:

es sobrehumana....

El párpado cayendo: Vida o muerte.

Hechura de una mano que, inspirada,

se siente incapaz de superarse..

Lo deja, para siempre, como estaba.

 Y así seguirá, por muchos siglos,  

La Divina Cabeza, mal pintada.

Genial, con sus errores de dibujo;

La corona  de espinas descentrada.

La luz en la mejilla y, en la sombra,

El pelo de la barba.

El halo que circunda la cabeza

La  deja separada.

Contraste de lo claro y de obscuro.

 Cabeza – en palabras de Unamuno –

Cual sobre el tallo una azucena ajada.

Lo firma:

 Carlos Roces Felgueroso

(Que deja así la estrofa terminada).