Víctor Villar Pis fue este año el pregonero de la fiesta del Asturcón en la Majada de Espineres. Nacido en Colunga y residente en Avilés, es un afamado deportista, conocedor de la montaña y escritor de temática turística y deportiva y conocido editor propietario de Nadetur. También es colaborador de esta web.
Siempre es un placer volver a El Sueve, y más para mí, que nací en una de sus laderas, y más si se trata de venir a dar un pregón, es decir, de pregonar las excelencias de esta tierra a propios y extraños. Y más aún si la materia en cuestión es algo tan nuestro como esta fiesta que hoy nos reúne en este paraje incomparable, tan querido para mí. Ya he dicho que nací en estas laderas, como la borrina y los asturcones, y eso para mí es un timbre de orgullo, esté donde esté y donde las circunstancias de la vida me lleven.
Yo no sé si la tierra marca carácter, pero sí que establece una querencia de la que es imposible librarse; una marca grabada en el interior de cada uno, que en mi caso, desde luego, es muy fuerte. ¿Cómo no voy a sentirme identificado con este momento y sumamente honrado por tener la oportunidad de hablar en esta fiesta?
Hace ya veintisiete años, alguien con un gran amor por su tierra y sus tradiciones, tuvo la idea de reunir en esta majada a todos aquellos que veían con preocupación cómo las viejas tradiciones de la sierra corrían peligro de desaparecer. Las costumbres tradicionales, convertidas por el tiempo en actos ritualizados, la doma, la marca de los potrillos nuevos, no sólo no debían quedar como algo de otros tiempos, sino que tenían capacidad, por su belleza y bravura, para convertirse en una fiesta en la que todos, propios y extraños, pudieran participar.
Los propios para que no perdieran una parte de su pasado, y los extraños para que conocieran cómo era la vida en nuestra montaña y de paso supieran que teníamos un tesoro muy particular oculto entre estas peñas, un tesoro muy vivo, agreste como el propio entorno en que vive, dócil y rebelde a la vez, compañero siempre. Un tesoro llamado asturcón.
Existen por el ancho mundo muchas fiestas dedicadas al caballo, no en vano es el animal que más ha influido en la historia de la humanidad. Sin él es imposible concebir la vida del hombre a lo largo de los siglos, así que no es de extrañar que forme parte del imaginario sentimental y festivo de todas las sociedades. Hay fiestas dedicadas a la doma y exhibición de hermosos caballos de línea fina y elegante porte, y las hay que tienen como protagonistas a ejemplares de tiro y fuerza.
Fiestas que usan el caballo para recrear torneos medievales, para pasar cintas, para lanzar boleadoras o para cortar cabezas de pollos. Y hasta las hay para que las damas de la alta sociedad inglesa puedan tomar al caballo como pretexto para lucir sus sombreros, que tampoco es mal ejercicio.
La nuestra tiene por protagonista a un caballo único en España. Pequeño, de perfil macizo, de crines largas y negras, con un gran sentido gregario, de andar suave, sufrido ante las inclemencias del clima, de gran resistencia y valor ante el ataque, con gran capacidad para el trabajo y dotado de una exacta combinación de velocidad y fuerza. Y es, además, uno de los ponis más antiguos y menos mezclados del mundo, que, por añadidura, tiene el honor de ser citado en la literatura clásica. Hace ya más de 2000 años, en el año 80 antes de Cristo, Plinio le dedica un párrafo en una de sus obras, en el que ya destaca una característica muy peculiar del asturcón: “Los caballos de esta pequeña raza, a la que nosotros llamamos asturcones, no tienen una marcha corriente, sino que poseen un paso especial que se debe a que mueven al mismo tiempo las dos patas de cada lado”. O sea, que un caballo así bien merece una fiesta.
Con el oso, el urogallo y el salmón, el asturcón forma el cuarteto de animales simbólicos de Asturias. Aquí nos hemos permitido entrar en su casa, en el corazón de El Sueve, en esta majada de Espineres que guarda buena parte de la tradición de la sierra, para asistir a su doma y a la marca de los nacidos este año, según establece la vieja costumbre. Y, por supuesto, para brindar por ellos para que podamos decir cada año que su población aumenta y se consolida definitivamente, libre ya de toda amenaza.
La fiesta es una mezcla de espectáculo de fuerza y valor y de diversión popular. Es como un ritual comunitario en el que el hombre y animal se encuentran ante los ojos de todos para reafirmar públicamente su pacto secular de convivencia. Si el hombre necesitó del animal en épocas pasadas para su subsistencia, hoy es el animal el que precisa del hombre para su supervivencia. De ahí que la fiesta tenga un poco de promesa, representada en esos potrillos que han nacido esta primavera y que constituyen la esperanza de que esa relación milenaria seguirá manteniéndose a pesar de los nuevos modos económicos y de producción que la vida moderna nos impone. Es lo que la hace única entre todas las de su clase.
Esta majada se convierte hoy en el símbolo de la unión de cuatro concejos, Caravia, Colunga, Parres y Piloña, que confluyen en esta fiesta, su fiesta, para exaltar con alegría lo que es patrimonio común de todos ellos y que los cuatro han sabido cuidar desde siempre. Creo que debemos agradecer aquí a la Asociación de Criadores de Ponis de Raza Asturcón, la ACPRA, su esfuerzo para que la fiesta tenga continuación cada año, e igualmente a la Asociación de Ganaderos ACAS, cuya labor es fundamental para el mantenimiento de la autenticidad de la raza.
Nuestra más cordial bienvenida a los forasteros que han venido a acompañarnos y mi deseo más ferviente de que paséis una fiesta divertida y repleta de buenas sensaciones. Y seguro que será así, porque para eso estamos en El Sueve, que es tierra de gente alegre y acogedora.
Muchas gracias a todos.
Víctor Villar Pis
18 de Agosto de 2007
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