Estreno mundial de la sinfonía,”EL VIENTO QUE NOS LLEVA” en el Gran Teatro Jovellanos, de Gijón. Sobre el escenario, con su gaita, José Ángel Hevia Velasco, de Villaviciosa de Asturias, acompañado por una orquesta sinfónica de 64 jóvenes intérpretes y por un Coro de 66 voces. Todos dirigidos por el profesor Antonio Ribera Soler.
Los profesores del Conservatorio Profesional de Música de Gijón se decidieron a preparar esta obra, sabiendo las dificultades que entrañaba. Juan Carlos Casimiro Pinto trabajó varios años en la composición de esta música mítica, idílica, que nos lleva por las costas de los pueblos celtas, impulsados por el viento, en compañía del joven Enol...
El profesor de Música de Cámara y Coro del Conservatorio, Policarpo Muñiz Santurio ha dedicado muchas horas lectivas y muchas más de su tiempo libre a preparar un Coro numeroso, con alumnos de diversos niveles, reforzado con algunas voces de personas no pertenecientes al Conservatorio.
Mucho trabajo, para conseguir conjuntar las voces de veinticuatro sopranos, dieciocho contraltos, trece tenores y once bajos, en un armónico Coro que ya viene alcanzando éxitos en sus actuaciones durante el año que lleva cantando. Poli no estaba en el escenario durante la interpretación, pero su fruto de notaba en el sonido de su coro.
Una Sinfonía muy larga, de la que se suprimieron algunos pasajes de gaita. Una obra basada en un libreto de Carlos Espina. Desde Asturias a la Isla del Gran Sol. Viaje entre sueños y brumas a través de las Islas Británicas; con un viento que nos lleva desde Gales a Bretaña o a la Galia; para pasar después por el país Vasco a ritmo de zorziko; vislumbrar la costa asturiana entre la niebla y seguir hasta el fin de la tierra (finis terre) siempre en busca del Gran Sol... Pero el final de la obra sinfónica es triste, porque el protagonista Enol se siente frustrado y desea la muerte.
Los aplausos fueron apoteósicos, con un público conquistado por la música. Como bis o propina, fue un acierto; pues el Director escogió la repetición del final de la Primera Parte: “Los Fuegos de Armónica”. Vueltos a Bretaña, en un canto a los elementos, en el que el Coro repite su exaltación del Fuego. Las voces gritaban Fuego, Fuego!!!! , mientras que la gaita sonaba, en completa armonía, con los violines, violas, violonchelos, contrabajos, y las trompetas y clarines, los clarinetes, trombones y fagots, todo perfectamente coordinado por el director, al ritmo de los encargados de la percusión. Fue un gran final, como remate de un trabajo.
Los intérpretes nos demuestran que aún hay una juventud que trabaja en un proceso de perfeccionamiento. En una labor cultural verdadera, merecedora de más apoyo y más atención de los entes públicos. Unos jóvenes intérpretes que tienen que dedicar sus horas al estudio, a los exámenes, a los ensayos y a los conciertos. Una labor agotadora, que a algunos los hace abandonar, pero que a otros los puede llevar muy lejos, siempre después de sacrificios.
Carlos Roces
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