Este es el título de una antigua canción, pero que viene como anillo al dedo para titular esta noticia. Resulta que cada vez que los operarios municipales, además de desbrozar y limpiar, engalanan los jardines y paseos pues que viene la plaga y adios muy buenas.

Nos lo tomamos un poco a broma pero resulta lamentable. Colunga, y Lastres por extensión, son uno de los pocos sitios en donde las plantas duran lo que dura ponerlas, por eso el desánimo reina muchas veces en el personal de parques y jardines dependiente de Servicios Múltiples, pues todo el esfuerzo y el gasto se va en un ¡Ay! y ¿qué se puede hacer?.

Hace poco, un conocido hostelero de Colunga le comentaba al responsable de este servicio que no se explicaba como después de haberse construido un paseo tan bonito como el de Loreto y estando dotado de unas preciosas jardineras, pues porqué no rebosaban de flores de colores para alegrar el paseo de los colungues que en gran cantidad pasean por aquellas aceras.

Las que han sobrevivio a la plaga

La respuesta fue que se habían colocado brezos y que habían durado lo puesto, a penas una semana, pues pronto desarrollaron patas en vez de raíces.

A los pocos días se colocaron hermosas prímulas de colores variados, se abonaron y regaron con mímo y a la semana rebosaban de color.

Poco más de un mes estuvieron expuestas para deleite de los colungueses pues, como ya viene siendo habitual, en el momento que viene un fin de semana con buen tiempo y se llena la zona de población añadida, pues, que viene la plaga.

Tan sólo han resistido el feroz ataque de la plaga nocturna de devoradores de plantas con dos patas, las jardineras de la parte de arriba del paseo que está frente a una casa y la Capilla de Loreto, al resto las confundió la noche, vino la plaga y se las llevó.

Aspecto tras el paso de la Plaga de dos pates

Jardines cercanos rebosan de color, pero unas vallas y la propiedad privada salvan sus prímulas de la plaga.

A ver cuándo comprenderemos que los jardines públicos son privados de todos y que nadie tiene derecho de ampararse en la impunidad de la noche para saquear lo que es de todos. Desconocemos el grado de sensibilidad  hacia el medioambiente de estos plaguicidas, pero sí podemos medir sin temor a equivocarnos, su total falta de urbanidad y civismo. No son de fiar. Quien se mancha en una planta qué  no haría si tuviese que custodiar cualquier tipo de valor o documento. En fin, que deberían rociar estas plantas con algún tipo de producto que tiñese las manos durante días para cuando se les viese aparecer por el supermercado se pudiese decir eso de Ahí viene la plaga