“Donde hay una empresa de éxito alguien tomó alguna vez una decisión valiente”. Esta frase de Peter Ferdinand Drucker sigue estando vigente y es perfectamente trasladable a la dinámica de muchas empresas y organizaciones asturianas.
Una de ellas es Asturfeito, que quiso anticipar su futuro y acertó en un contexto ciertamente distinto del actual. En 1989, hace 25 años, plantear una política empresarial de expansión que fuese más allá del territorio nacional era ciertamente excepcional. Sin embargo, aquello que era poco más que anecdótico se ha convertido en una de las máximas para cualquier iniciativa. Las fronteras y limitaciones de los mercados se han diluido en un contexto globalizado en el que la competitividad decide el éxito de cualquier iniciativa.
Y en la competitividad influyen multitud de factores estrechamente relacionados, por mucho que desde algunos ámbitos se pretenda reducir la cuestión al coste salarial. Asturfeito sabe que la clave es la productividad, pero también que sobre ella actúan muchos más elementos como la conciliación, la motivación, la formación o la estabilidad en el empleo.
Asturfeito es hoy una empresa de éxito porque valora y cuida todos y cada uno de sus factores de producción, demostrándonos que la inversión en recursos humanos, además de ser éticamente justa, resulta económicamente rentable.
Las inversiones en capital humano y en I+D+i son fundamentales para avanzar hacia el futuro. Asturias no puede ni debe competir en mano de obra barata, pero sí puede hacerlo en talento e innovación.
Saben todos ustedes que siempre he defendido, y hoy más que nunca, que la recuperación económica de España pasa por su reindustrialización. Defiendo esta máxima sin matices en su enunciado y con exigencias en su desarrollo, porque no cabe utilizar la crisis como excusa para “precarizar” nuestro sistema económico. Empresas como Asturfeito demuestran que un modelo de que integra valores no sólo es rentable hoy, sino que es una de las mejores garantías para el futuro.
Los procesos de internacionalización constituyen auténticos desafíos en la forma de hacer negocios. La familiarización con el nuevo medio, la adecuación de los procesos o el hándicap idiomático parecen a primera vista obstáculos difíciles y arriesgados.
Es evidente que Asturfeito ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos y su presencia en el mercado internacional hace catorce años constituyó un auténtico revulsivo para la estrategia empresarial.
El salto a la especialización constituyó un nuevo paso empresarial, del mismo modo que la fabricación de bienes y componentes de equipo para amplios sectores de la industria consolidó a Asturfeito en el mapa nacional y confirmó su halagüeña proyección internacional.
Prueba del compromiso y la reputación fuera de nuestras fronteras no es solo la participación en el reciente proyecto ALMA, sino también la colaboración con proyectos internacionales de investigación nuclear, el gran telescopio de Canarias o equipamientos para la NASA, referencias que denotan la amplia experiencia, la cualificación técnica del equipo humano así como la apuesta continua por la I+D+i , claros factores de diferenciación en cuanto a la competitividad empresarial en el marco internacional.
Empresas como Asturfeito han tenido la inteligencia de abrir nuevos mercados y buscar consumidores externos como paso fundamental para mejorar su competitividad y, por ende, su volumen de ventas.
En el Gobierno del Principado también trabajamos para convertir Asturias en un territorio de empresas innovadoras que nos haga ser día a día más competitivos y eficientes. Precisamente, Avilés, donde estamos, se está convirtiendo en los últimos años en un territorio de vanguardia empresarial y cultural de la que debemos estar orgullosos. Por ese rumbo queremos seguir en los próximos años, en la consolidación del Avilés de la vanguardia y la innovación: esta ciudad cuenta con talento, capacidad, infraestructuras, empresas e iniciativas apropiadas para lograrlo. Por lo que respecta a la voluntad del Gobierno. se la garantizo.
Al igual que las empresas, quienes tenemos responsabilidades políticas también estamos obligados a tomar medidas que sacudan el polvo reposado y cansino de la inercia, a explorar nuevas formas de hacer las cosas.
Ése es el objetivo declarado de muchas de las actuaciones promovidas por la consejería de Economía, como la Estrategia Industrial, el Plan de Ciencia y Tecnología y todas las medidas que incluyen para, precisamente, fomentar la exportación y la internacionalización empresarial, ese camino que Asturfeito ya ha sabido transitar con éxito. Como, del mismo modo, queremos abrir mayores horizontes en la preparación de los trabajadores con el desarrollo de la formación dual, a la que intentaremos dar un fuerte impulso los próximos años. Agradezco al consejero Graciano Torre su implicación personal en todas y cada una de estas apuestas.
Pero esa exigencia de renovación no se limita al mundo empresarial. Así, cuando mi gobierno hace un llamamiento a la aprobación del presupuesto –y hoy, precisamente hemos refrendado el proyecto de ley- a todas las fuerzas parlamentarias está pidiendo también que se arrumben los viejos vicios de la acción política, esas reglas no escritas según las cuales, entre otras cosas, en tiempo preelectoral es ingenuo apelar a la negociación y al consenso. Pues quizá conserve a mis años un punto de ingenuidad, pero desde luego añado muchísima responsabilidad por el bien de Asturias. Porque en las condiciones que vivimos hay que estar voluntariamente ciego y sordo para no percibir que la realidad nos exige disponer hasta el último recurso disponible para luchar contra la crisis, fomentar la actividad de las empresas, combatir el desempleo y acorazar nuestro Estado de bienestar. Son quienes están presos de la vieja mala política, del tacticismo más ramplón, los que se emboscan en excusas o planteamientos imposibles para rechazar un acuerdo presupuestario basándose en un supuesto balance negativo de beneficios y daños electorales. Esa manera de actuar es una antigualla, otra de las amarras de la inercia que hay que romper con decisión y coraje. Asturias necesita hoy grandes acuerdos que nos permitan afrontar el futuro con los recursos y la energía política imprescindibles para superar nuestros desafíos.
Por fortuna, ese coraje y ese talento no faltan en nuestro empresariado, como se demuestra hoy aquí. Estoy convencido de que, como decía Drucker, ellos sabrán tomar decisiones valientes que lleven a sus empresas hasta el éxito. En este 25 aniversario, Asturfeito es un magnífico ejemplo.
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