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Colungueses ilustres: El doctorín de La Riera

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Colungueses ilustres: El doctorín de La Riera

Publicada por PARDO el 09/02/2021 09:39:51

 Salus aegroti suprema lex medicorum

Muchos y por lo general poco conocidos, siempre lo he dicho, y como muestra aquí tienen hoy uno que viene a colación debido a que ayer mismo en este foro alguien habló de un libro suyo y hubo varios comentarios que se interesaban por referencias de este personaje tan singular.

D. Argimiro SOBERÓN Migoyo, en efecto, pues aunque él firmaba como “SEVERÓN”, ello era debido a ciertos problemas de índole política a los que posteriormente haremos breve referencia.

Nació D. Argimiro (Miro) en la Riera de Colunga a principios de siglo 1.903, Miguel y Nemesia eran sus padres, y como otros muchos en esa época muy pronto se fue a hacer las Américas.

Hombre muy trabajador e inteligente fue capaz de robar el suficiente tiempo a su trabajo como peón no cualificado para lograr ingresar como alumno en la Academia de Medicina de Nueva York una Institución señera y muy antigua fundada a mediados del siglo XIX por un grupo de médicos líderes del área metropolitana de Nueva York como una voz para la profesión de la práctica médica y la reforma de la salud pública bastante precaria en aquellos tiempos.

Los primeros líderes de la Academia en los movimientos de reforma de la época trabajaron para mejorar la salud pública al enfocarse en las condiciones de vida de los pobres, y en un entorno científico no excesivamente reglado fue la precursora del hoy Departamento de Salud con ciertos profesionales médicos procedentes algunos de la Universidad de Columbia con un buen ganado prestigio, pero por lo visto muy proclives al tipo de Medicina que hoy se conoce digamos como naturista, naturópata o como se diga eso que aquí el que suscribe ignora por completo, algo que por lo visto no era mirado con buenos ojos por el mundo profesional de aquel tiempo ; por lo tanto el tan controvertido tema de que nuestro protagonista tuviera una formación profesional médica reglada o no queda un tanto en el aire, otro asunto es que su Certificado Oficial de Estudios de una prestigiosa Institución – de eso no hay la menor duda - tuviera en aquella época problemas de diversa índole por lo que debido a diversos asuntos o trámites no debidamente contemplados que lo impedían no pudo ser legalizado en España, por ello siempre ejerció su oficio como Curandero - Naturista, digamos un tanto al margen de la profesión médica oficial en Gijón fundamentalmente donde efectivamente su creciente popularidad y el éxito de sus métodos aparte de alguna rencilla política dicen que fue la causa de que fuera denunciado por "intrusismo profesional" por otros “colegas” en un momento dado.

Tuvo una destacadísima actuación en la Fundación de un reconocido Grupo de Naturistas en el Ateneo Obrero de Gijón e incluso en la época de la República fue nombrado Inspector de varios Centros Sanitarios, entre ellos la famosa “Gota de Leche”; ello y las acusaciones de ser no sé si militante o simpatizante del partido Izquierda Republicana, fue la causa de que se le formase un Consejo de Guerra al final de la contienda civil, en el que le fue conmutada la pena de muerte por la cadena perpetua, algo que al fin y al cabo quedó todo en agua de borrajas, pues ninguna de las condenas fue hecha efectiva, así que después de permanecer un breve tiempo en prisión fue puesto en libertad sin cargos, de ahí que para evitar problemillas legales por aquello de haber estado "fichado" sustituyó su primer apellido “Soberón” por “Severón” como pueden ver ahí en sus escritos.

Fue autor de publicaciones varias, muchas de las cuales no se editaron, no obstante esa cuyo llamativo título tienen ahí sí que fue editada, incluso en Hispanoamérica y comercializada con relativo éxito.

En su casa en la Riera y ya con bastante edad aún recibía visitas un hombre discreto, menudo, enjuto y de pelo blanco llamado ARGIMIRO SOBERÓN MIGOYO, popularmente conocido por todos como “EL DOTORÍN DE LA RIERA” que descansa hoy en el cementerio de dicha localidad, eso sí, sin haber cumplido los ciento cincuenta años…

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