EL Puerto de Lastres (y III), por Ramón Marcilla

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Publicada por Redacción Búscolu el 14/12/2013 00:00:00

Un hombre inasequible al desaliento en defensa de Lastres

El 2 de agosto de 1847  envía Juan Antonio Suárez Robledo  a los redactores del periódico EL ESPECTADOR, pidiendo publicación, su “Artículo Apologético del Puerto de Lastres” dirigido a refutar las inexactitudes  cometidas  por el autor incógnito de los artículos  publicados en EL ESPECTADOR sobre los “Proyectos Industriales de Asturias”.
A estas alturas de la vida, Juan Antonio ya tenía 73 años, , se le encendía la pasión  al considerar  que, el autor incógnito de tales artículos, vertía noticias inexactas  de Lastres respecto de:
- el estado de su muelle.
- la reducción de su matrícula.
- calificarlo como puerto sin ninguna importancia.
Comienza Juan Antonio su refutación con una narración de datos históricos de Lastres, de la que no me voy a ocupar, por cuanto es sobradamente conocido su contenido a través de El BÚSCOLU que lo ha publicado en varias ocasiones.
El aludido  incógnito autor  vuelve su mirada  hacia el siglo anterior para apoyar  sus argumentos y dice que en 1783 se estaba construyendo una cabeza de muelle. Nuestro protagonista le replica que se estaba construyendo el muelle entero en dicha fecha, y añade: “ la historia de la nueva dársena, la oposición que le hizo la Diputación del Principado, y con ella los puertos de Gijón, Ribadesella, Villaviciosa y otros que la juzgaban a propósito  para destruir los planes y proyectos concebidos, excedería a los límites de un comunicado [ Se ve que a Lastres  le salían “enemigos” por doquier ]; bástanos saber que se emprendió la obra, bajo ciertos auspicios muy desfavorables , que notablemente  la perjudicaron:
- errores en el plan, que los tuvo muy grandes en su ejecución.
- despilfarro de los caudales. ( Y sigue “ el meter la mano en el cajón” )
-  tantos y tan grandes los contratiempos sufridos que sería prolijo referirlos.
La nueva obra se arruinó en 1806 a consecuencia  de haberse adjudicado sus arbitrios al muelle de Ribadesella, cuando justamente más los necesitaba el muelle de Lastres, que se hallaba precisamente en estado de inmediata conclusión, al cual estaban consignados.
Llegan las inexactitudes a poner en cuestión la capacidad  del muelle de Lastres  indicando que sólo puede recibir, a lo más, hasta una docena  de pataches de sesenta a setenta toneladas, siendo así que en la última guerra, que tuvimos con la Inglaterra, por los años de 1799 a 1800, hemos visto muchas veces ocupado el muelle, con treinta, cuarenta y aún más quechemarines y otros buques, ya franceses, ya españoles, refugiados en él y al abrigo de esta batería, por la persecución de los corsarios ingleses.
Y eso de decir que  no tiene este puerto, más embarcaciones , que cinco o seis lanchas muy chicas para la pesca de sardina y congrio, por haber poca marinería. Ya dije antes y vuelvo a repetir ahora que así son las cosas, cuando se escribe sin conocimiento de ellas. Sepa,  pues, el articulista, que las cinco o seis lanchas , ya sea por arte de virli-virloque o por cualquier otro juguete mágico, se convirtieron en veintisiete de todos tamaños, que se emplean en la pesca de bonito, mero, merluza, congrio, sardina, abadejo y otras muchas, ya de altura, ya de costa. Para tripularlas competentemente a razón de siete hombres cada una , deduzca el articulista el número de hombres de mar que tiene la matrícula de Lastres actualmente, todos jóvenes, quizá los más gallardos y mejor apuestos que tiene la costa Pongo por testigo de esta verdad a toda la matrícula de la provincia, incluso Gijón. La consecuencia lógica de este aserto es que Lastres en el día, es el segundo puerto más productivo de pescado. No se atrevió seguramente el incógnito articulista a despreciar la preciosa concha o bahía que poseemos…”

Termina la apología mencionando la  posibilidad futura que tendría el pueblo de Lastres:
“dice el articulista que el pueblo está en un arrimado; que sus casas se van desmoronando, y que las que quedan lo deben a su solidez; mejor diría que manifiesta la opulencia del pueblo debida a su antiguo muelle, tan desatendido por el gobierno, y tan emulado de los demás puertos por su importancia marítima y mercantil, si algún día mereciese una mirada de protección. También Génova está en un arrimado, y no por eso deja de ser una de las mejores ciudades del mundo. Désenos puerto, y lo volveremos ciudad. A tales desvaríos y despropósitos conducen el espíritu de partido, y el asenso que se da, a memorias como la del año de 1783, más que con tinta escritas con ponzoña.”

Juan Antonio trató muchos temas: precios de la venta de la pesca, recargo en el precio de la sal, fanales en cabos y promontorios, fortificación de nuestras costas, etc. dejando bien claro que fue una persona preocupada por los problemas de los pescadores.
Ciertamente, aun cuando sus amigos le decían que su batallar era una pérdida de tiempo, él era inasequible al desaliento.
Gracias por todo.
Ahora podíamos hacer un ejercicio:
¿Os imagináis cómo sería esta zona si los propósitos de Juan Antonio se hubieran hecho realidad? Pensemos un poco… un gran puerto que seguramente cerraría desde el Penote a la punta el Castillu (Punta Misiera) teniendo la entrada en el punto más adecuado. Barcos de todo tipo y tonelaje: graneleros, petroleros, trasatlánticos, etc. Tendríamos trenes y buenas carreteras. Habría astilleros y  una gran zona industrial. Desaparecerían las pequeñas poblaciones de Luces, Lastres, Colunga, Huerres, San Juan y La Isla, que pasarían a ser barrios de una gran ciudad que se hubiera llamado, probablemente, Astuera. Las playas quedarían encerradas en el puerto o estarían en la misma ciudad. El puerto de El Musel  no existiría y Gijón tendría como puerto, con perdón, un “cagayonín”; vamos, como lo que es el puerto de Lastres ahora desde el punto de vista pesquero.
Naturalmente, si esto hubiera sido así, todos lo veríamos muy normal pues ya lo habríamos encontrado hecho al nacer, pero viendo ahora la realidad y la hermosura de pueblos y litoral que tenemos, si nos dieran a elegir ¿qué opción tomaríamos?;¿el bucólico paisaje actual o la propuesta de Juan Antonio ?.Bueno, dejémoslo aquí.

CONCLUSIÓN: Al publicar estas cosas ¿qué saco en limpio o qué pretendo? Nada; pero hay algo que trasciende todo. Cuando buceo en la Historia del pueblo y en el presente, veo que hubo buena gente en Lastres y que sigue habiendo buena gente. Eso me hace sentir orgulloso de haber nacido aquí. ¡ Va por toda esa buena gente ! Adiós.

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