Madre Marcelina, Hija Adoptiva de Llanes

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Cultura sidrera asturiana

Publicada por Pressy el 30/07/2019 16:35:01

La Madre Marcelina será nombrada Hija Adoptiva de Llanes el próximo sábado, 3 de agosto, en un acto oficial en el Ayuntamiento

Doña Marcelina Martínez Paniagua, más conocida como Madre Marcelina, será nombra oficialmente el próximo sábado Hija Adoptiva del Municipio de Llanes.

El acto se llevará a cabo, a partir de las 13.00 horas, en el salón de sesiones del Ayuntamiento de Llanes y contará con la presencia de dos hermanas y varios familiares más de la homenajeada, que no podrá asistir por su delicado estado de salud y residir actualmente en el pueblo de Hospital de Órbigo, en León.

En el nombramiento intervendrán la concejala de Cultural y Servicios Sociales, Marisa Elviro, y el Alcalde de Llanes, Enrique Riestra, que le hará entrega a la familia del pergamino que acredita el nombramiento de la Madre Marcelina como Hija Adoptiva del Concejo de Llanes.

Para conceder este título honorífico, previamente hubo que iniciar un expediente que, tras la correspondiente tramitación, culminó con el visto bueno de la Corporación Municipal en la sesión plenaria extraordinaria celebrada el pasado 23 de mayo.

Para finalizar el acto del sábado, está prevista la intervención de los familiares de la Madre Marcelina y, a continuación, se servirá un vino español.

Marcelina Martínez Paniagua "Madre Marcelina"

Marcelina Martínez Paniagua nace en Santa María del Tietar (Ávila), el 21 de diciembre de 1931, en una España que ya presenta síntomas de grave discordia civil. Así pues, en su primera infancia vive ya la Revolución del 34, y dos años más tarde, el inicio de la Guerra Civil española.

Ella y sus dos hermanas están destinadas a vivir estos acontecimientos de manera muy cruel y directa. Nacidas y afincadas en un pueblo de Castilla, pertenecientes a una familia de firmes convicciones republicanas, no tardan en sufrir los graves efectos de la militancia activa de su padre, a quien hacen preso en Madrid.

Al mismo tiempo, su madre es también encarcelada en Madrid al no querer confesar el paradero de su esposo, que, dicho sea de paso, desconocía por completo. Permanece tres años encarcelada.

Las niñas, sin ambos progenitores, permanecen al cargo de algún familiar, pero poco tiempo después, Marcelina y una de sus hermanas son enviadas al Colegio de Becedas, en Ávila, regentado por la Congregación Franciscana de la Divina Pastora. Marcelina estudia y espera, pero el final de la Guerra Civil sólo le trae malas noticias: su padre, junto a muchos compañeros, ha sido fusilado en Madrid. A día de hoy no se sabe dónde pueden estar sus restos.

Terminada la guerra, puesta su madre en libertad y de vuelta al pueblo, toda la familia percibe y padece el rechazo de una tierra mayoritariamente conservadora. Pero su madre, como una columna, permanece en Santa María del Tietar trabajando duro y criando a sus hijas, sin hundirse, pese a su convencimiento de que jamás volverá a saber nada de su esposo.

Marcelina, del mismo carácter que su madre, ha llegado durante todo este proceso a la conclusión de que sólo el respeto mutuo y la entrega a los demás podrán proporcionarle un poco de consuelo y un objetivo de indiscutible nobleza en la vida. Por ello resuelve ingresar en una comunidad religiosa, donde pueda dedicar su vida a este objetivo. Elige, por su accidentado contacto con ella, a la Comunidad Franciscana de la Divina Pastora, dedicada a la enseñanza y al cuidado de enfermos y ancianos.

Marcelina se topa con el rechazo frontal de su madre ante esta decisión, pero sabe que Marcelina es como ella, una mujer firme en sus convicciones, y que tarde o temprano hará lo que crea que debe hacer.

Así, llegada la mayoría de edad de Marcelina, ésta impone su autonomía y el derecho a decidir sobre su vida. Su madre al fin lo consiente, y Marcelina toma los hábitos en Madrid, comenzando su actividad impartiendo clases en el Colegio de San Felices de Buelna (Cantabria). Ello no impide que siga estudiando, por lo que inicia estudios de enfermería, diplomándose como ATS, y comienza a ejercer esta profesión en el Hospital San Juan de Dios en León. Su actividad formativa no cesa, pues se anticipa a las necesidades y carencias que observa. De este modo, obtiene el Grado Universitario de Dirección y Gerencia Hospitalaria, pasando a formar parte del Consejo Provincial de la Orden Franciscana como representante en materia de sanidad.

En 1983, Marcelina Martínez Paniagua es destinada, en calidad de Superiora y Directora, a la Fundación Faustino Sobrino de Llanes. A su llegada se encuentra con un edificio cuyas obras han sido paralizadas como consecuencia de una deuda con la empresa constructora que asciende a 20 millones de pesetas. Los ancianos han sido trasladados al pequeño edificio de otra Fundación, la Saro-Posada, que se ubica al otro lado de la calle. La nueva Directora no lo duda, se hace un hueco entre ellos y se instala, comenzando a dar vueltas al problema, consciente de que los pacientes no están bien allí.

Intenta primero llegar a un acuerdo con la Consejería de Asuntos Sociales, pero ésta responde que mientras no se salde la deuda con la constructora, la Fundación Faustino Sobrino no recibirá ninguna ayuda del Gobierno del Principado de Asturias. La ya conocida en Llanes como Madre Marcelina hace entonces un llamamiento a la solidaridad de todos los llaniscos, a los de la villa y los de los pueblos, a los residentes y a los emigrantes, tanto en Europa como en América, y envía por correo miles de circulares explicando al detalle la situación.

La respuesta a esta monja resuelta, absolutamente clara y decidida, no se hace esperar. La solidaridad de los llaniscos se fía plenamente de esa mujer menuda y activista que no se dedica ni un minuto a sí misma, y los donativos de toda cuantía y lugar comienzan a llegar a la Fundación Faustino Sobrino, lográndose en poco tiempo la cantidad necesaria para saldar la deuda.

También, en los veranos de 1985 y 1986, Madre Marcelina promueve una postulación a pie de calle, así como un rastrillo a beneficio de la Fundación, que con la aportación de comerciantes, otros particulares y regalos de obras de importantes pintores, e incluso un multitudinario partido de fútbol nocturno en el Sablín, organizado por un grupo de entusiastas deportistas locales, se obtiene una importante suma que se emplea para poner en funcionamiento los servicios más elementales.

El 23 de julio de 1986, la Directora de la Fundación Faustino Sobrino recibe comunicación de la Consejería de Servicios Sociales, anunciándole la concesión de 15 millones de pesetas para la continuación de las obras de la primera planta y Servicios Generales. Al mes siguiente, Madre Marcelina reanuda las obras con el consiguiente incremento del coste de las mismas en todos los aspectos, y éstas se prolongan hasta junio de 1987. En el mes de agosto del mismo año, sólo dos meses después de finalizar esta fase de las obras, la Consejería envía 16 millones de pesetas destinadas al equipamiento de lo construido hasta el momento.

En el ínterin, Madre Marcelina es operada y tratada de cáncer de colon. Pero ni la enfermedad, ni el duro tratamiento, ni las secuelas física que arrastra de por vida, pudieron detenerla.

Antes las pésimas condiciones en las que viven los ancianos, Madre Marcelina, ajena siempre a sus circunstancias personales, no se demora ni un momento y de acuerdo con el Patronato de la Fundación, comienza  a trasladar a los ancianos de manera sencilla y sin costes: lo hace ella misma, uno a uno, con la ayuda de llaniscos que se sorprenden ante la tenacidad y la enorme preocupación de la monja y se solidarizan con ella de forma espontánea.

El 27 de junio de 1987, tiene lugar la inauguración de la primera planta y servicios comunes del centro, siendo Presidente del Patronato y Alcalde José Enrique Rozas Guijarro. Ese mismo mes de junio, de nuevo la consejería concede una subvención de 20 millones de pesetas para la finalización de la obra completa de la Fundación Faustino Sobrino.

Aquella mujer que siendo una niña, padeció y analizó con detenimiento las gravísimas consecuencias del enfrentamiento civil, y que en consecuencia decidió que su camino debía transcurrir por una vida entregada exclusivamente a los más vulnerables, acababa de salvar de la ruina y la apatía una obra impulsada por la emigración Indiana a beneficio de las mas pobres, como así lo habían querido Faustino Sobrino y sus familiares. Una obra que hoy es para Llanes la solución digna y actualizada que todos deseamos para nosotros concejo.

En 1989, Madre Marcelina que continuaba al frente de la dirección del centro, era querida por todos, no solo por haber logrado la salvación de esta residencia geriátrica, sino y sobre todo, por el exquisito trato que dispensaba a cada anciano y extraordinario don para empatizar con ellos. Por tanto, desde los ciudadanos llaniscos más humildes a los económicamente más pudientes, gozaban con la amistad de la religiosa que ofrecía acogimiento y consuelo a los unos y a los otros, lo que ocasionó que importantes herencias recayeran a nombre de la fundación que ella dirigía.

Así, al fallecimiento de doña Josefina Sotres, hermana de doña Nieves, ya fallecida, Llanes se encontró con la sorpresa de que la gran fortuna de estas dos hermanas llaniscas había sido testada a favor de la Fundación Faustino Sobrino. Una herencia que superaba en dinero, acciones y propiedades los 500 millones de pesetas.

Se disponía pues, Madre Marcelina, a mejorar y ampliar en beneficio de los ancianos este centro hasta donde fueses posible. Era entonces Alcalde de Llanes y presidente del Patronato de la Fundación Faustino Sobrino, Antonio Trevín.

Pero inopinadamente fue trasladada por su congregación al Hospital psiquiátrico de hombres de los Hermanos de San Juan de Dios de Palencia, donde permaneció como enfermera al cuidado de los enfermos más peligrosos durante cuatro largos años.

Su voto de obediencia, que no su fina inteligencia, hicieron que abandonara Llanes en silencio y no pudiera llevar a cabo su altruista intención.

Tras esos cuatros años en los que no flaqueó ni un instante, Madre Marcelina fue destina como superiora y directora a la Fundación Beceña González de Cangas de Onís, donde encontró también un centro en malas condiciones y por el que trabajó hasta el pasado mes de junio de 2018, poco después de cumplir 86 años, convirtiéndolo en el primer centro geriátrico homologado del Principado de Asturias.

Fueron nombradas el 20 de junio de 1971 las Hermanas María Curieses Pérez y María Fernández Rañal, condecoradas por el entonces ministro de Trabajo y nombradas hijas adoptivas de Llanes por el entonces alcalde Don Aurelio Morales Poo, por su labor encomiable durante 50 años en el concejo de Llanes.

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