Todos los colungueses le conocen por Luis el de Casa Laureano, pero tras su faceta de restaurador se esconde un auténtico amante de la naturaleza.
Luis Fernández Jara, de Casa Laureano
Luis Fernández Jara nació hace 42 años en Los Pontones, en el muy asturiano concejo de Mieres, aunque se siente ya tan colungués como el que más; pero su segundo apellido anuncia reminiscencias de Extremadura, de donde era originaria su familia.
Llegó a Colunga hace 26 años, donde su padre, el famoso Laureano, se establecería con un negocio de hostelería que permanece hasta la fecha. Nuestro personaje, cuyo nombre completo puede despistarnos, no es otro que Luis, de Casa Laureano, el restaurante de la Plaza del Mercáu de Colunga.
Charlando con Luis hemos descubierto a otra persona diferente a la que conocíamos habitualmente tras la barra del bar. Algo que nos viene ocurriendo desde que iniciamos esta sección: tras cada personaje se esconden vivencias que, en el caso de comerciantes y hosteleros, van mucho más allá de la pura anécdota.
Si no, sólo falta releer la entrevista a Gabriel Meléndez “El Invasor” para darse cuenta de que tras un tendero aparentemente singular puede esconderse una persona preparada y con una filosofía de vida tremenda.
Lo mismo nos pasará con otros futuros personajes. Hay un propietario de bar con el que más vale no discutir sobre palabras y significados, porque al momento rebusca entre el botellero y te planta encima del mostrador el Diccionario de la Real Academia de la Lengua para aclararte las dudas. Algo sorprendente pero digno de todo elogio.
Hoy vamos a descubrir a otra de esas personas de las que no imaginamos que tengan una vida tan rica. Algo fabuloso que nos enorgullece tener gente así en un entorno tan pasota, nihilista y hedonista como el que existe en la actual realidad del concejo de Colunga. ¡Señores: hay vida después de la muerte!
Nos sentamos en la barra del bar Casa Laureano a tomar un cortado —que Luis prepara de fábula— y, dado que es sábado por la mañana y aún tiene poca gente, aprovechamos para robarle un poco de tiempo, del cual siempre anda corto.
Entrevista
¿Luis, desde cuándo te dedicas a la hostelería?
Pues desde hace 26 años, desde que vine a vivir a Colunga.
Sabemos que eres un apasionado de los animales. ¿Qué opinas de esta afición tuya?
Símplemente que ye un comederu de perres... pero gústame, ¡qué-y voy facer!
La gente suele tener una mascota, pero lo tuyo va mucho más allá: perros, vacas, avestruces, pájaros, peces, caballos, palomas mensajeras…
Ya, otros pierden el tiempu de mil maneres distintes a la mía y más dañines.
¿Por qué avestruces?
Pensé, iluso de mí, que iba a ser rentable, pero cuando la carne de avestruz no llegó a cuajar durante la época de les vaques loques, ya no va a más. La carne ye cara y el animal duru; la gente ye reacia a comer carne no conocida. Para mí nunca llegaron a ser rentables.
¿Por qué te metiste entonces en este galimatías?
Pues porque me llamaban la atención. Me enteré de que había gente que las criaba y comercializaban todo de ellas. Pensé que era la mía, pero al no estar introducido en el tema siempre aparecen aprovechados que te lo pintan todo de colores y la tajada la llevan ellos. A ti te quedan los gastos y las promesas de que vendrán mejores tiempos.
¿Durante el tiempo que te dedicaste a criar avestruces viviste algún acontecimiento destacable?
Pues sí señor. Un día tardé más de una hora en poder salir de la finca donde las tenía estabuladas, ya que el macho no me dejaba salir. Había tiempo que un chorizu entraba a robar los huevos y tenía el corral alterado.
Cada vez que lo pienso se me ponen los pelos de punta, porque pude haber muerto allí y mira tú qué papeleta para mí.
¿Por qué?
Porque el avestruz macho estaba muy mosqueado por culpa del que entraba a robar y aquel día se volvió contra mí. Yo no lograba zafarme porque no podía darle la espalda: entonces me mataba allí mismo de una patada.
No lo entiendo. ¿Las avestruces, que esconden la cabeza ante el peligro, son agresivas?
¿Tú por qué crees que esconden la cabeza?
Ni idea.
Pues porque el animal que los ataca no les ve la cabeza ni los ojos ni tampoco hacia dónde miran. Ellas se defienden dando patadas hacia adelante.
Imagínate una patada de un bicho de estos con la fuerza que tienen en las patas, lo grandes y pesadas que son y la uñona en que acaban. De una patada te deja en el sitio para siempre.
El avestruz macho puede medir 2,7 metros de altura y pesar 145 kg, y correr a velocidades de hasta 60 o 70 km/h.
¿Y el caco qué ganaba jugándose el tipo de esa manera?
¿Te parece que ganaba poco? Un huevo de avestruz equivale a dos docenas de huevos de gallina. Si me robaba cuatro o cinco hacía el día. Pesan kilo y medio cada uno.
¿Cuánto cuesta un avestruz?
Pues un pollo vale unos 90 € y una grande unos 260 €. Lo caro no es comprarlas, es mantenerlas y luego vender los productos. No estamos preparados en Asturias para este ganado.
La afición por los caballos
Cambiamos de tercio. Háblanos de tu última afición.
Pues son los caballos. Esta afición la heredé de mi padre, Laureano. Me gustan mucho todos los caballos, pero los fuertes préstenme por la vida.
¿Qué caballos tienes?
Tengo caballos de raza bretona, franceses. Aunque para el puerto del Sueve no valen mucho, porque son muy grandes y no hay pasto suficiente. Estos comen mucho.
¿Cuánto cuesta un caballo de estos?
Pues un semental puede salir por unos 3.000 €.
¿Dónde los compras?
Vienen de Francia, pero hay mucho lío para traerlos. Yo los compraba en San Emiliano (León) y en Puig-Cerdá (Lérida).
¿Qué tal se vende la carne de caballo en Asturias?
La carne de caballo es de las más sanas que hay. Tiene menos grasa y está libre de muchas enfermedades. Los xatos buenos los compran los catalanes para engordarlos y llevar la ganancia.
¿Cuántos caballos tienes ahora?
Tengo tres sementales y doce yeguas, todas futuras madres.
La pasión por las palomas mensajeras
En un momento de la conversación Luis abre un cajón bajo la cafetera del bar y saca un montón de álbumes llenos de recortes y fotos.
—¡Mira, estos son mis caballos! —dice orgulloso.
¿Y no te cansas de tantos animales? ¿De dónde sacas el tiempo?
Siempre saco tiempo. Lo primero es el negocio, pero también tuve peces en una charca de la finca. Aunque lo que más me gustan son las palomas.
Soy colombófilo desde siempre. Gané el primer premio un año y el tercero en otro en el Campeonato Social celebrado en Gijón en 1992. Un pichón mío voló 2.000 km en aquella ocasión, ganando la Anilla de Oro.
Pues no vemos mucha actividad colombófila en el concejo.
No, es cierto. Colunga no es buena zona para las palomas mensajeras porque está muy empozada, cerca de la costa y llena de depredadores como halcones o azores.
¿Qué tienen las palomas de satisfactorio para ti?
El mayor espectáculo que existe para mí es ver cómo una mensajera viene volando desde Badajoz de un tirón y llega aquí exhausta cayendo dentro del palomar.
¿Cuántas palomas mensajeras tienes?
Ahora… setenta.
Visión del concejo de Colunga
Cambiamos el chip. Para terminar, vamos a centrarnos en lo que te da dinero. ¿Cómo ves el concejo?
A nivel de hostelería lo veo muy bien. En cuanto al turismo, está en alza. Quizá falte un poco más de profesionalidad en el sector.
En general el concejo ha crecido mucho en vivienda y comunicaciones. La autovía y el tirón de Lastres, además del MUJA, se notan muchísimo.
Pero no todo es bueno: la población baja cada vez más. La juventud tiene que marchar porque no hay industrias ni empresas.
¡Por favor, no me tires de la lengua…!
Luis, sigue así. Gente como tú es un lujo para este concejo.
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