Empiezo con un agradecimiento por su asistencia a la constitución de esta Mesa Ciudadana contra la Pobreza y la Exclusión Social. Comprobarán que con ustedes también hay representantes de cinco consejerías: Bienestar Social, Presidencia, Economía y Empleo, Educación y Sanidad. En lo que va de mandato, cerca ya de los dos años, hemos organizado pocos actos con tanto despliegue institucional. Llamo la atención sobre este punto porque va mucho más allá de un asunto protocolario, como espero aclarar a lo largo de esta intervención.

Para alcanzar los objetivos que nos reúnen hoy son necesarios tres grandes requisitos. El primero la existencia de garantías y derechos sociales. Puede parecerles un principio de Perogrullo. De hecho, éste es un asunto que dábamos por superado hace décadas con esa construcción genuinamente europea que se denomina Estado de bienestar y que continúa siendo el referente ideal para muchos países en desarrollo. Pensábamos que con la sistematización y la expansión geográfica de este sistema a partir de la Segunda Guerra Mundial quedaban atrás para siempre jamás los hospitales de beneficencia y las leyes de pobres. Por decirlo de un modo comprensible, avanzábamos de una sociedad compasiva a una sociedad inclusiva.

Esto es, precisamente, lo que está en riesgo ahora. Ustedes oirán muchos mítines estos días. Ya saben que en tiempo de campaña los decibelios aumentan, lo cual sólo asegura que habrá más volumen, pero no más mensajes ni mayor claridad. Bien, pues uno de los que probablemente se repetirá insiste en que la sucesión de recortes aplicada en nombre de la sacrosanta austeridad pone en peligro las prestaciones del Estado del bienestar, sean las sanitarias, las educativas o las relacionadas con la aplicación de la ley de la dependencia.

Yo mismo refrendo esa afirmación. Al igual, todos los consejeros presentes pueden disertar largo y tendido sobre los problemas que tienen para desarrollar su gestión en los menguados márgenes que imponen estas estrecheces presupuestarias.

Sin embargo, ésa es una verdad incompleta. Para salvaguardar y reforzar el Estado del bienestar son precisas dos cuestiones imprescindibles: dinero, sin duda, pero también el compromiso con este modelo de sociedad inclusiva, porque en pura lógica económica este sistema de garantías sociales no es sostenible. Por lo tanto, abramos bien los ojos. La batalla es doble: hay que darla en el frente de los recursos, pero también debemos ganarla en el de las ideas.

Porque podemos encontrarnos con que la situación económica se estabilice y, pese a ello, el futuro que espere a los jóvenes sea peor, más precario en derechos laborales y sociales, que la de quienes los antecedemos. Ésa es una perspectiva temible de retroceso social que no debemos aceptar con mansedumbre. Insisto: no debemos resignarnos al desmantelamiento de esa gran edificación europea que es el Estado del bienestar, ni por la vía de los recortes ni por la de las ideas.

El segundo requisito en la lucha contra la pobreza es una visión completa, holística, de la acción del Gobierno. Por eso están hoy aquí representantes de cinco consejerías, porque el propósito es compartido por todo el Ejecutivo.

Del mismo modo que la educación es la mejor herramienta para favorecer la equidad social, la sanidad lo es para asegurar la cohesión, y el desarrollo económico y el fomento del empleo constituyen, en última instancia, los aliados esenciales contra la pobreza.

Con este objetivo, con esta voluntad coordinada –y con aportaciones, también, de las entidades que ustedes representan- se redactó la Agenda Social Asturiana, coordinada por la consejería de Bienestar porque es precisamente a los servicios sociales a los que les corresponde atenuar y corregir, en la medida de lo posible, todas las circunstancias que conllevan un riesgo de exclusión social. De hecho, la formación de esta mesa responde a uno de los compromisos asumidos en esa agenda.

Miren, vivimos en una sociedad en la que la política se rinde con frecuencia al espectáculo. Así ocurre que los enunciados impactantes merecen grandes ovaciones, aunque sólo adornen decorados de cartón piedra. Permítanme que, con peligro de recibir muchos menos aplausos, prefiera la acción continuada y sistemática. Porque así, sin exhibiciones de pirotecnia, hoy podemos citar resultados como los siguientes:

   - la inmediata puesta en servicio de dos nuevos hospitales, uno en Mieres y otro en Oviedo, algo insólito en estos tiempos de cuestionamiento continuado de los servicios públicos;    - no aplicamos copagos sanitarios, aseguramos la asistencia a los inmigrantes irregulares y la garantizamos a los emigrantes retornados;    - los resultados de nuestro sistema educativo se sitúan muy por encima de la media nacional;    - mantenemos el número de alumnos por profesor y no aumentamos las tasas de la primera matrícula universitaria;    - reservamos un presupuesto ampliable de 68 millones para el salario social durante este ejercicio, con lo que nos situamos a la cabeza de las comunidades autónomas, si descontamos las beneficiadas por la financiación foral;    - presentaremos a la Junta General un proyecto de ley para condonar algo más de un millón correspondiente al copago de servicios de la dependencia que beneficiará a 620 personas;    - destinamos este ejercicio 25,8 millones a sostener las prestaciones sociales de los ayuntamientos asturianos;    - mantenemos la ayuda a la justicia gratuita y tenemos planes para afrontar los casos de desahucio.

Ustedes, que conviven diariamente con los problemas, dirán que no es suficiente, que queda mucho por hacer, pero todo lo anterior define una política social sólida, claramente diferenciada de la que aplican otros gobiernos autonómicos y de la que diseña el Ejecutivo central. Dirán también que la crisis, tan prolongada, está haciendo aflorar nuevas formas de pobreza y que es necesaria más decisión y menos palabreo. Y yo les doy la razón. Si he hecho esa breve enumeración es para reiterar que el combate contra la pobreza y la exclusión no se gana con una medida aislada, por audaz que sea, sino mediante la acción coordinada de todo el Ejecutivo, guiada por las mismas prioridades y abierta a la sociedad. Eso, se los aseguro, lo tenemos muy claro. Haremos cosas mal, pero nadie puede poner en cuestión que la política social sea una prioridad de mi gobierno.

Y esto me lleva al tercer requisito para combatir la pobreza y la exclusión. Ése son ustedes, los representantes de las entidades vinculadas a lo que ha venido a denominarse el “tercer sector”. Porque sin su crítica, sin auxilio, sin su apoyo y su intervención, no es posible ofrecer la respuesta actualizada, coordinada y eficaz que deseamos promover desde el Gobierno de Asturias.

Ustedes no representan sólo a sus organizaciones, a los colectivos que son objeto de su atención; ustedes aportan aquí la voz de la sociedad asturiana, absolutamente indispensable. Muchas gracias por estar aquí.

 

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