Como ese que ven ahí, uno de los más populares y entrañables sin duda.
De esos que no sé como, pero que siempre andaba de buen humor - que sus problemas habría de tener, como todo el mundo - pero jamás se le veía exteriorizarlos, y para eso hay que ser poco menos que de hierro forjado.
Conocido por todos los públicos, pues tantu humor tenía el hombre pa los vieyos como pa los nenos, a los que en su día nos llamaba y nos decía:
" Ven pacá monu... ¿A que adivino lo que comiste hoy?"
Y seguidamente te daba dos o tres coscorrones en la cabeza, se llevaba los nudillos a la nariz, como oliendo, y te decía raudo:
"Fabes y patates, ¿A que sí?
Y casi siempre acertaba, claro, que ese era ni más ni menos el menú más socorrido de aquellos tiempos.
En fin. ¿Qué les voy a contar que no sepan?
Eso sí... Si ya son algo vieyos, claro.
Bueno, pues ahí lo tienen en esa semeya, que sin duda bien a las claras confirma el valor de nuestro popular refranero que no puede expresarlo mejor:
"La cara es el espejo del alma"
¿O es que no lo ven ahi?
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