Un equipo científico del MUJA y la Universidad de Geociencias de China ha identificado en los acantilados de Villaviciosa los primeros rastros de lagartos del Jurásico descritos en Europa. Las huellas, de 152 millones de años, representan además la última aparición mundial del icnogénero Rhynchosauriodes.
El equipo científico del Museo del Jurásico de Asturias (MUJA), integrado por Laura Piñuela, Ángel García-Pérez y José Carlos García-Ramos, junto con el investigador Lida Xing, de la Universidad de Geociencias de China, ha documentado en Asturias los primeros rastros de lagartos jurásicos descritos en Europa, un hallazgo excepcional por la escasez de este tipo de evidencias en el registro fósil posterior al Triásico.
Los resultados de la investigación han sido publicados a finales de febrero en la revista científica internacional Ichnos, editada por el grupo Taylor & Francis.
El estudio analiza dos rastros fósiles (T1 y T2) conservados como relieves abultados —contramoldes— en la base de un estrato de arenisca del Jurásico Superior, con una antigüedad aproximada de 152 millones de años. Los ejemplares proceden de los acantilados situados al este de la playa de España, en el concejo de Villaviciosa, y actualmente forman parte de la colección permanente del MUJA, donde se exhiben en la sala dedicada al Jurásico Asturiano.
Las icnitas de manos y pies varían entre tetradáctilas y pentadáctilas, presentan morfología asimétrica y muestran un incremento progresivo en la longitud de los dedos. Su excelente estado de conservación ha permitido atribuirlas a un lagarto y asignarlas al icnogénero Rhynchosauriodes, ampliamente distribuido durante el Pérmico y el Triásico, pero extremadamente raro en el Jurásico. De hecho, los ejemplares asturianos constituyen su última aparición conocida en el registro fósil mundial.
El rastro T1 está compuesto por siete icnitas —cuatro de manos y tres de pies— y habría sido producido por un lagarto de aproximadamente 50 centímetros de longitud. Por su parte, el rastro T2 conserva seis huellas —tres de manos y tres de pies— y se atribuye a un ejemplar de menor tamaño, de unos 30 centímetros.
En el rastro T1 se ha identificado además una estructura casi continua, ancha y recta, con escaso relieve, interpretada como la marca de la cola. Asimismo, la irregularidad en la distancia entre las huellas de manos y pies llamó la atención de los investigadores. Para comprender este patrón de desplazamiento, se realizaron experimentos no invasivos con ejemplares actuales de lagarto ocelado y lagarto barbudo en cautividad, en un centro especializado de la ciudad china de Jiangyin, provincia de Jiangsu. Los ensayos demostraron que, especialmente en individuos juveniles, el paso de un estado estático al movimiento genera giros bruscos que producen rastros similares al fósil asturiano.
Los investigadores concluyen que estos lagartos dejaron sus huellas al desplazarse sobre fangos semiconsolidados en ambientes deltaicos que desembocaban en un mar interior sin mareas y protegido del fuerte oleaje por una barrera externa. Estas condiciones favorecieron la excepcional conservación de los rastros, que hoy aportan nueva información sobre la diversidad y comportamiento de los reptiles en el Jurásico europeo.
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