Que no quiere decir que no catara otros días también, que por norma general la mayoría sabían, pero digamos que más bien pa un apuru, pues esa tarea habitualmente era cosa de hombres, pues sin tanto cuento de ahora de paridad, igualdad - tou ello cuentu calleja de progres pa tirar del tetu - ( Y no del de la vaca precisamente) las tareas del campo, mayoritarias entonces por estos lares, estaban perfectamente delimitadas, pero por el sentido común - que es el menos común de los sentidos por cierto - y así les muyeres que toda la vida trabayaron, al menos por estos pagos, y sin tantu cuentu como ahora dedicábanse - tareas caseras aparte - a las labores agrícolas y ganaderas más adecuadas a sus capacidades físicas y por tanto más livianas, pero no por ello menos importantes, tales como angazar, sallar, arrendar, cebar el ganau, llendar, pisar la hierba, pañar les manzanes, picar los nabos pal ganau, lavar botelles pa corchar la sidra y gran parte de las de las labores de la matanza propies de les mondongueres, correspondiendo al hombre las que requerían un mayor esfuerzo, tales como segar, cargar pación, cuchar, mayar, apretar el llagar, emvalagar, enfacinar, llabrar y rollar, matar y despostar el gochu, catar y demás tareas pesadas más adecuadas a sus capacidades físicas.
Y así como estaba regulado el trabajo de forma natural, también estaba regulado el ocio, no mucho por cierto, pues los animales al no tener muy claro el concepto de sindicalismo, tienen la mala costumbre de comer también domingos y festivos dejando así poco margen al asueto del labrador por aquí al uso.
Y aquí en Colunga, el día de ocio - aparte de un poco los Domigos por la mañana por lo de la misa - era básicamente el JUEVES DE MERCAU
Ese día se iba temprano a Colunga y una vez hecho el mercau si se llevaba ganau, se hacía la compra pa la semana, y se hacían las demás gestiones de rigor, la muyer solía marchar pa casa, pero el paisano quedaba en Colunga sin prisa, iba al chigre con los amigos y comía tranquilamente por allá pa después tomar una copina y fumar un farias echando una partida a la brisca o al subastu con los amigos, premio bien merecido sin duda al duro esfuerzo de toda un semana.
Peroooo...
Y como casi siempre suele haber un pero, algunos días la cosa agarraba velocidad y después de una copa venía otra y bien sabido es que con el coñac, los lazos de amistad se fortalecen y bueno, que si tomamos la última, que no hay cojones; que te tien acojonau la muyer, que no...
Y en fin, que no era raro que el paisano llegara a casa pasada la hora de catar y mamau como una oveya hablando en plata, en penoses condiciones pa hacer nada y mucho menos de catar les vaques, que era lo suyo, así que menos mal que estaba la muyer pa salir del pasu encargándose de una tarea que habitualmente no le correspondía salvando así honrosamente la papeleta, que la del pulpo vendría al día siguiente por la mañana, supongo
Y es por eso que ahora aún se escucha por estos lares cuando se da algún paralelismo similar:
" No hay prisa, ho... Hoy cata la muyer"
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