Por Francisco García, en La Nueva España

La capacidad integradora del consejero de Medio Rural del Principado de Asturias no encuentra límites: las medidas restrictivas que apadrina para la pesca del salmón han conseguido reunir en su contra a asociaciones de pescadores tradicionalmente enfrentadas. Alejandro Calvo ha echado la caña al río y el reo no ha picado. En el pescado lleva la penitencia.

Por la boca muere el pez. Primero se habla con los pescadores, se negocia, se busca el consenso, se acuerda y después se toman medidas. Escuchar y debatir deben marcar la hoja de ruta de cualquier político que se precie. El que desprecie la apuesta por el diálogo se arriesga a comerse el cebo, máxime cuando los habituales del río llevan semanas con la mosca en la caña y detrás de la oreja. Que hay que recuperar los ríos salmoneros es evidente; que resulta necesario evaluar las causas del descenso de las capturas, nadie lo niega. Nadie sueñe que se vayan ya a dar años como el de 1949, en el que se establecieron los cotos y el precinto de salmones y las capturas sumaron 6.893 ejemplares. Nadie puede aspirar a día de hoy a que le pongan los peces como se los ponían en el Cares a Franco.