Omar Pardo: La trágica historia de un colungués ilutre, Don José Miguel Alea y Abadía. - Concejo de Colunga

Natural de la parroquia de Lastres en este caso, ya ven…

Pero, ¿Trágica por qué?

Pues verán, nada más simple si empezamos por el final, que es ni más ni menos que estamos ante un cadáver patas arriba flotando en el río Garona con todas las trazas de haber sido “ayudado” a ahogarse, si eso no es trágico, pues a ver…

Abad de Santa María de Cortegada y de San Miguel de Oleiros, es conocido como «el abate Alea» porque recibió las órdenes menores, aunque no consiguió ningún beneficio eclesiástico notable por ello, aunque usó en ocasiones el seudónimo de Jayme Albosía de la Vega.

Los abates españoles del siglo XVIII eran una mezcla de clérigos y pensadores que jugaron roles importantes en la cultura, la política y la difusión de las ideas ilustradas en el país, como documentan investigadores, textos de la época y posteriores estudios, siendo los más notables de ellos aparte del propio Alea, El Abate Ponz, El Abate Marchena o El Abate de Gándara, figuras intelectuales bien reconocidas todas ellas.

Fue nuestro paisano de Lastres uno de los más brillantes traductores al castellano de algunos libros extranjeros de la época, a los que añadía notas eruditas y biografías de los autores. 

Uno de sus primeros trabajos, fue la traducción del francés al castellano,  de la obra titulada Exposición breve de los caracteres de la verdadera religión.

 Otras obras que tradujo del francés al castellano, fueron: El abogado perfecto o máximas para desempeñar con honor y acierto las obligaciones de esta profesión; Bulas benedictinas. Colección castellana de las bulas latinas, constituciones,  decretos y cartas del señor Benedicto XIV, ilustradas con varias resoluciones y casos de conciencia; Historia de la última guerra entre la Inglaterra, los Estados Unidos de América, Francia, España y Holanda, desde el año 1775 hasta su conclusión en 1783; Catecismo del Abad Fleury;  Vida del Conde de Buffon; Pablo y Virginia, novela de Saint-Pierre, obra conocida en toda Europa y que fue traducida a  muchas lenguas; Colección española de las obras gramaticales, obra del Chasneau du Marsais; la última traducción del francés, fue el libro Lecciones analíticas para conducir a los sordomudos al conocimiento de las facultades intelectuales, al del Ser Supremo y al de la moral. Obra igualmente útil para los que oyen y hablan. 

 Del portugués tradujo,  El filósofo solitario, atribuido al teólogo Teodoro Almeida.

 En 1804, publicó la obra,  Prácticas escrupulosas del Sacramento de la Penitencia en orden a la doctrina del cómplice y del solicitante.

Sobresaliente políglota, también desempeñó una plaza en la Real Biblioteca, donde estuvo encargado del examen y arreglo de la Literatura Inglesa. 

En 1792, pide permiso al rey Carlos IV, para marchar a Roma y ayuda económica,  con el objeto de aprender el árabe erudito, estancia que tuvo que completar con las menguadas rentas de su feligresía de Santa María de Cortegada.  

En 1797 fue comisionado por el Rey para hacer estudios de Ictiología (rama de la zoología que estudia los peces) en el extranjero, con el propósito de enseñarla en España y erigir una Cátedra de Ictiología en el Real Gabinete de Historia Natural. 

Fue miembro de la Sociedad Económica de Madrid y colaborador de la revista, Variedades de Ciencias, literatura y artes;  se interesó en la educación para sordos, convirtiéndose en un defensor de la educación pública para sordos y director del Real Colegio de Sordomudos de Madrid.

Se relacionó con el ministro de Carlos IV, Manuel Godoy y fue un destacado afrancesado, adicto al rey José Bonaparte y - ese fue precisamente el origen de sus males -   y después de la derrota del ejército francés, tuvo que exiliarse en Francia, donde ejerció de maestro en el Colegio Real de Marsella y en la Escuela Especial de Comerció.  

Murió en el destierro de Burdeos, parece ser que bastante escaso de medios de subsistencia,  ahogado en el río Garona en extrañas circunstancias, y a ver… Lo de las extrañas circunstancias no es caso único, pues no pocos fueron los pseudo ilustrados españoles, que bien por convencimiento o simplemente por oportunismo muy conveniente colaboraron con el francés invasor los que murieron en “extrañas circunstancias” en el país vecino, imagino que por aquello de que “Roma no paga traidores”, o porque esas cosas no se olvidan y la mano del enemigo es alargada.

En fin; así son las cosas, no todos tuvieron el coraje de Jovellanos magistralmente reflejada en aquella frase inquebrantable donde veía la defensa de la patria como deber personal y moral, que desoyendo los cantos de sirena del felón gabacho declaraba con contundencia rotunda:

       “Quien deja de ser amigo de mi patria, deja de serlo mío”

Reflejando su compromiso inquebrantable con España durante la Guerra de la Independencia.

En el lugar de Loja, parroquia de San Juan, término municipal de Colunga en el Principado de las Asturias de Oviedo Reino de España a tres días del mes de enero del año de dos mil veintiséis del nacimiento de NUESTRO SEÑOR -que EL nos ampare- compuso este libelo el ocioso Licenciado Don Omar Pardo y Cortina, leal súbdito del Rey legítimo y fiel siervo de DIOS.

Fotografía: Un abate del siglo XVIII

Anónimo. (Museo del Prado)