Omar Pardo: Sobre las entradas a la Villa de Colunga - Concejo de Colunga

Bueno, pues ahí tienen ustedes dos “semeyes” con mucha, pero que mucha antigüedad. Si las observan detenidamente identificarán su ubicación enseguida, ya que en líneas generales el entorno tampoco ha cambiado tanto desde entonces.

Una ya habrán visto es la entrada Este, o sea viniendo de Ribadesella por la N-632, y es una postal en blanco y negro (más tarde aparecerían con el mismo fin las coloreadas) de la famosa colección de D. Fermín Vigón, que utilizaba, como ven, para sus comunicaciones comerciales. Más tarde la cosa evolucionó y las futuras postales coloreadas (técnica bastante dificultosa, por cierto) fueron utilizadas con fines turísticos con notable éxito, siendo, por así decirlo, el germen de las postales tan en boga en los años 60, 70 e incluso a principios de los 80.

Esa “semeya” en concreto es obra del notable e inquieto fotógrafo colungués, pionero también en su momento de la industria cinematográfica, Emilio Alonso (Milio el retratista), a quien debemos gran parte de las artísticas fotografías del primer cuarto del siglo XX que circulan por ahí. Y digo artísticas porque, si aún hoy en día, con los medios técnicos que hay, la fotografía sigue siendo un arte complejísimo, imagínense con los medios de entonces lo meritorio del asunto.

La otra tampoco entraña dificultad alguna: se trata de la entrada Oeste, es decir, viniendo de Villaviciosa por la N-632. Esa casa situada en lo que aún se denomina popularmente como “La Cuesta la Feliciana”, por mucho que ahora se llame Avenida de la Reconquista, sigue ahí —excepto la chimenea— sin mayores alteraciones en lo que se refiere a su estructura primaria.

En este caso, la autoría de la “semeya” no está demasiado clara, puesto que unos la atribuyen a Pedro García del Mercado (1854-1935), indiano de Libardón que, a su regreso de Buenos Aires, compró el viejo palacio de los Caravera en su parroquia de origen (donde ahora hay un hotel, para entendernos). Con su moderno automóvil Delage se desplazaba por todo el entorno para captar con su cámara —su gran afición— todo aquello que le parecía de interés. Así que, dado el atractivo y la valía de la obra que nos legó, no desvelaré su pertenencia a la masonería, no vaya a ser que luego se sepa.

Otros, sin embargo, la atribuyen a D. Victorino Fuentes (1862-1931), fotógrafo aficionado, abogado colungués y secretario de la Junta Católica, que ejerció durante muchos años como juez municipal. Fue uno de los mayores contribuyentes del concejo y poseedor de numerosas fincas rústicas en arriendo, lo que le permitía una holgada situación económica para dedicarse a su afición favorita: la fotografía. Gracias a ello, al igual que el anteriormente citado Pedro García del Mercado, nos legó una importante colección que en ambos casos aclara muchos interrogantes sobre hechos y acontecimientos pasados.

Algún día hablaremos un poco más detenidamente de ellos. Merece la pena, ya lo verán.

¡Ah…! Se me olvidaba: ese hombre que les muestro en esa “semeya” es el citado D. Pedro García del Mercado, el indiano de Libardón. Que lo sepan.

¡Pues eso…!

En el lugar de Loja, parroquia de San Juan, término municipal de Colunga, en el Principado de Asturias, a los quince días del mes de marzo del año dos mil veintiséis del nacimiento de Nuestro Señor —que Él nos ampare—, compuso este libelo el ocioso Licenciado Omar Pardo y Cortina, leal súbdito del Rey legítimo y fiel siervo de Dios.