El reloj analógico del mundo no tiene quién le dé cuerda.
La hora que es ahora acaba de pasar.
El tiempo del siglo XXI se ha hecho tan pequeño que se ha perdido.
Las tres afirmaciones anteriores no componen un juego de greguerías. Tampoco sentencias filosóficas. Son descripciones de la realidad, del nuevo tiempo que vivimos.
Desarrollo la idea. Recordarán la paradoja de los dos gemelos, utilizada habitualmente para explicar la teoría de la relatividad y la relación entre el espacio y el tiempo. El cálculo es complejo; en cambio, la explicación resulta sencilla y muy sugerente. De dos hermanos gemelos, uno inicia un viaje estelar a la velocidad de la luz y el otro se queda aquí en la Tierra, pongamos que en Oviedo mismo. Cuando regresa a nuestro planeta, habrá envejecido menos que su hermano. Es decir, el que se ha quede quieto sufrirá más el castigo del tiempo.
Pido disculpas si hay entre ustedes algún físico por una simplificación tan grosera de la teoría de Einstein. Pero a los efectos de estas jornadas es muy reveladora. Las nuevas tecnologías –ésas que representan las empresas Microsoft, HP, Intel, SAGE y Vodafone, junto con el cluster TIC, por ejemplo- son las que han alumbrado la entrada al nuevo mundo interconectado de la inmediatez.
Es probable que en la pantalla de su teléfono –¿se han dado cuenta de que ya no es necesario precisar que se trata de un portátil, que al oír el sustantivo teléfono ya pensamos de inmediato en el móvil?-; repito, es probable que en la pantalla de su teléfono aparezcan varias pruebas de lo que digo. Aparte de atender el inevitable silbido de la mensajería, quizá vean evolucionar las cotizaciones del Ibex o la temperatura de Madrid, Barcelona o París. Esa pantalla táctil, líquida y fugaz es la síntesis de estos años del siglo.
Puede que sean reacios a semejante avalancha de aplicaciones y hasta al uso del móvil. No dudo de que aún se pueda vivir sin teléfono portátil e incluso más plácidamente huido del mundanal ruido del tuit y del guasap. Pero también asumo que esa existencia envejece, caduca sin que podamos hacer gran cosa por remediarlo. Por eso aseguro que el reloj analógico del mundo ya no tiene quién le dé cuerda.
Ahora pasemos a la dimensión empresarial, que es la que nos reúne aquí. Distingamos entre empresas consolidadas, con años de existencia, y sociedades que inician su andadura. Unas, con rutinas incrustadas; otras, que irrumpen dispuestas a mutar, desprovistas de hábitos.
Podemos pensar que la relación con las nuevas tecnologías será distinta. Que las empresas recién creadas, y ya no digo las startups, nacen con las nuevas tecnologías incorporadas. Si fuesen coches, diríamos que ya las traen de serie. Por le contrario, las sociedades viejas recelarán de las tecnologías de la información, les costará adaptarse e incluso habrá algunas que pretendan sobrevivir sin ellas.
Sostengo que, a diferencia de lo que ocurre a nivel individual, aquí no hay elección. Todas las empresas que aspiren a un grado notable de competitividad habrán de avezarse en el uso de las nuevas tecnologías. Lo tendrán que hacer sí o sí, sean empresas recién estrenadas o sociedades con solera de décadas. Las que no lo hagan no sólo serán viejas, sino que, además, se estarán condenando a una decrepitud acelerada. Les sucederá lo que al gemelo que se queda en la Tierra: para ellas no sólo pasará el tiempo, sino que lo hará más rápidamente. Hemos de acostumbrarnos, y la Administración en primer lugar, a aprovechar el potencial de competitividad que ofrece el uso de las nuevas tecnologías.
Dirán que aparte de predicar he de dar trigo. Como sabrán, esta misma mañana he tenido la oportunidad de firmar en el nombre del Gobierno de Asturias un convenio con Microsoft Ibérica, representada por su presidenta, doña María Garaña. Ese acuerdo pretende precisamente que las pequeñas y medianas empresas, sustento del tejido económico, expriman los recursos de la sociedad del conocimiento.
El convenio incluye tres líneas de trabajo.
Apoyo a través de la iniciativa BizSpark, un programa concebido especialmente para nuevas iniciativas de carácter tecnológico (lo que en su jerga se denominan startups). Aquí se incluye el uso de herramientas informáticas y aplicaciones.
Fomento de la formación y divulgación tecnológica entre las pyme. Para ello, Microsoft colaborará con entidades públicas y privadas del Principado y dará prioridad a la modernización de las pequeñas y empresas turísticas. También aportará financiación a las sociedades interesadas en la compra de productos y servicios tecnológicos.
Por último, Microsoft cooperará en otra tarea que considero muy relevante: la formación tecnológica de jóvenes en paro. Dentro de este objetivo, Microsoft facilitará a los centros de formación para el empleo del Principado el acceso al programa IT Academy, que incluye los contenidos y certificaciones de las tecnologías más demandadas. Insisto en la importancia de este eje de trabajo porque en otras comunidades autónomas ha alcanzado un éxito notable al facilitar mucho el acceso al mercado laboral.
Opino, sinceramente, que es un buen convenio. Gracias a Microsoft por esta colaboración.
Gracias, también, a todas las empresas que colaboran y participan en esta jornada. Distinguen ustedes cinco sectores: industria, agroalimentación, tecnologías de la información y la comunicación, sanidad y emprendedores. Es una muestra amplia de nuestro tejido económico.
A menudo me habrán oído subrayar la importancia de que Asturias fortalezca su corazón industrial. Por cautela suelo matizarla siempre, para que no se piense que soy un nostálgico del mundo fabril de talleres y chimeneas. No, cuando hablo de industria hablo también, y lógicamente, de la industria tecnológica. En la prestación de servicios avanzados a las empresas hay una veta importantísima de desarrollo que debemos trabajar.
Dentro de la misma reflexión, me agrada especialmente que se dedique especial atención a la sanidad, porque es un sector capital en nuestro porvenir. A los políticos, y especialmente a los gobernantes, deben exigirnos capacidad de encuadre, perspectiva y horizonte. Son requisitos obligados; luego, podremos ejercerlos mal o bien, y ustedes, quienes tienen la última palabra, nos juzgarán con su voto. Digo esto porque Asturias, como cualquier otra comunidad, debe saber jugar sus mejores bazas. Entre ellas están sus recursos naturales, su tradición y fortaleza industrial, su potencia agroalimentaria y su capacidad sanitaria. Miren, vivimos un episodio histórico en la sanidad asturiana: se ha puesto en marcha un hospital en Mieres y estamos en pleno traslado al nuevo hospital universitario central de Asturias. Son hitos dirigidos a un fin principal: mejorar la asistencia sanitaria pública a todos los asturianos. Ése es el objetivo fundamental, pero también son dos oportunidades de desarrollo tecnológico y de investigación biosanitaria que no podemos desaprovechar. Cuando invoco altura de miras en estos asuntos no quiero eludir las críticas, parte esencial del funcionamiento democrático. Simplemente pido que todos seamos conscientes de lo que nos jugamos. Por ceñirme al tema de esta jornada, el HUCA puede y debe ser un factor multiplicador del uso de tecnologías avanzadas de la información, y ahí debemos implicarnos todos.
Concluyo. Asturias afronta desafíos que hemos de convertir en oportunidades de negocio. Aquellas empresas que innoven tecnológicamente serán más competitivas, y eso implica también a las administraciones públicas. En este punto, les adelanto que, de acuerdo con las previsiones de la Unión Europea, impulsaremos los servicios de administración electrónica (e-administración). También reforzaremos nuestro apoyo a los ayuntamientos, con el objetivo de evitar la brecha digital y favorecer la vertebración territorial. Esos son compromisos que asumo ante ustedes, pero no duden de que el futuro les corresponde. Ahora que el reloj analógico del mundo ya no tiene quien le dé cuerda, la hora es suya.
Muchas gracias.
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