Omar Pardo: Personajes ilustres de Lastres - Concejo de Colunga

De la parroquia de Lastres en este caso y no demasiado conocido, aunque su meritoria obra, la verdad sí que es bastante conocida en general, pero en un reducido círculo de cuatro eruditos, a pesar de su innegable valía, pero en fin, es lo que suele ocurrir en estos casos

Estamos hablando de Jayme Alvosía de la Vega, anagrama que usó en su momento y quizá por el que sea más conocido que por su propio nombre real que no era otro que José Miguel; José Miguel Alea Abadía, o El Abate Alea.

Nace El Abate Alea en Lastres a mediados del siglo XVIII (1.743) poco antes de que D. Francisco de Lue tuviera en su mente La Cátedra de Latinidad, y quizá por ello permaneció durante poco tiempo en su solar natal, pues tanto destacó su lucidez ya en primeras letras que sus mentores pronto aconsejaron al infante otros aires un tanto más adecuado a sus capacidades.

Ignoramos el motivo, pero su destino fue Galicia, y en tierras gallegas realizó estudios con la brillantez que de él se esperaba primero en la Universidad de Santiago y luego en el ámbito eclesiástico ya en la provincia de Orense.

Brillante ensayista y pedagogo, su conocimiento y facilidad para los idiomas hizo que pronto se abriera camino en el arduo oficio de traductor, muy apreciado en la época, pues sobre todo los de cierta calidad, la verdad es que no abundaban.

Un par de años después de ser nombrado párroco de la feligresía de Santa María de Cortegada y de su anejo San Miguel de Oleiros le fue otorgado el título de Abad de las mismas mediante un acuerdo sinodal.

Con posterioridad solicita dispensa al Papa y se va a Madrid para continuar sus estudios de lenguas en la Secretaría de Interpretación dadas sus ya conocidas habilidades, llegando a ser un importantísimo políglota, y desempeñando una plaza en La Real Biblioteca.

Amplía con posterioridad sus estudios en Roma con el permiso del Rey Carlos IV donde se especializa en el árabe erudito, interesándose y siendo comisionado posteriormente dadas sus inagotables capacidades en otras materias de muy diversa índole relacionadas con las Historia Natural y Las Ciencias.

Fue también miembro de la Sociedad Económica de Madrid y colaborador de la revista, Variedades de Ciencias, literatura y artes; se interesó en la educación para sordos, convirtiéndose en un defensor de la educación pública para sordos y director del Real Colegio de Sordomudos de Madrid.

Sus males comenzaron con ciertas amistades un tanto peligrosas, el ministro Manuel de Godoy entre ellas aunque nada comparado con sus posteriores veleidades afrancesadas carantoñas incluidas al Rey José Bonaparte que con el tiempo, como no podía ser de otra manera acabaron con él, exiliado en Francia un tanto abandonado y arruinado quizá más moral que económicamente, que de todo hubo, algo que precipitó su triste fin en el Destierro de Burdeos, ahogado en el río Garona ya pasado el primer cuarto de siglo, en más que extrañas circunstancias, algo que siempre se ha tratado de ocultar, que por algo sería y por eso aquí hago precisamente referencia cierta a ello que quizá no sean capaces de encontrar en otra parte.

En lo que se refiere a su actividad como diplomático, traductor, ensayista y erudito en general tienen ustedes referencias múltiples y bien documentadas que pueden consultar gratuitamente en los canales habituales.

Trátase simplemente aquí de dar un poco a conocer a tantos y tantos eruditos y personajes meritorios de nuestro solar tan desconocidos en su propio terruño como destacados fuera de él.