La parroquia maliayesa de Santa Eugenia/Santoxenia de Los Pandos vivió el pasado sábado, 2 de mayo, una jornada muy especial con el homenaje a Luz Bada Llera, vecina centenaria que reunió a más de un centenar de familiares, vecinos y amigos para celebrar su siglo de vida.
El acto tuvo lugar tras la misa oficiada por el párroco Celestino Riesgo, quien dedicó una homilía cargada de emoción a la trayectoria vital de Luz. A continuación, en representación de los organizadores, intervino Fernando González Díaz, que destacó el significado de la celebración para toda la parroquia. “Hoy es un día grande para Santa Eugenia”, señaló, repasando una vida marcada por el esfuerzo, el trabajo en el campo y la superación en tiempos difíciles.
Durante su intervención, evocó la infancia de Luz en el entorno rural, su trabajo ligado a la tierra y su carácter forjado en años de escasez. También puso en valor su forma de ser, subrayando que “es una persona que suscita admiración y cariño, respetuosa, educada y con un trato cercano que crea vínculo con todos”.
El Ayuntamiento de Villaviciosa se sumó al homenaje con la presencia del alcalde, Alejandro Vega Riego, la concejala de Servicios Sociales y Mayores, Lorena Villar, y el delegado territorial en Santa Eugenia, José Antonio Toyos. El regidor hizo entrega a la homenajeada de un escudo del concejo con placa conmemorativa y un ramo de flores, destacando “una vida ejemplar” y el acierto de organizar este reconocimiento.
Además, la parroquia le obsequió con un retrato enmarcado, en un gesto simbólico de cariño colectivo.
Mónica Ludmila Bada Llera, conocida por todos como Luz, nació en 1926 en Paniceres, en el seno de una familia numerosa. Su vida estuvo marcada por las dificultades de la época, incluida la Guerra Civil, en la que perdió a dos hermanos. Como muchas mujeres de su generación, dedicó su vida al trabajo en el campo y a sacar adelante a su familia en los años de la posguerra, manteniendo siempre un fuerte vínculo con Santa Eugenia, donde regresó para establecer su hogar.
La celebración continuó con un asado compartido entre los asistentes, en un ambiente cercano en el que no faltaron recuerdos, anécdotas y conversaciones sobre la larga vida de Luz. Entre ellas, también salió a relucir lo singular de su nombre real, Ludmila, de origen eslavo y significado “amada por el pueblo”, una definición que muchos coincidieron en que encaja perfectamente con el cariño que despierta en su parroquia.
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