El consejero de Sanidad, Faustino Blanco, ha defendido hoy que las políticas de parentalidad positiva, que consisten en sustituir el concepto de autoridad parental, centrado únicamente en la obediencia y la disciplina, por otro más amplio de responsabilidad, suponen una inversión social que aporta seguridad y bienestar a las familias y mejora la autoestima de las personas, a las que se dota de más recursos para tomar decisiones libremente. “Todo ello contribuye a reducir la carga de enfermedad y dependencia, y cristaliza en un importante ahorro para los sistemas de salud, judicial, y educativo, entre otros”, ha explicado.
Faustino Blanco ha participado hoy en la localidad tinetense de Tuña en un seminario sobre parentalidad positiva organizado por el Gobierno del Principado, la Universidad de Oviedo y el Ayuntamiento de Tineo. Allí, ha defendido que las instituciones y organismos públicos desarrollen políticas adecuadas para propiciar un cambio de actitudes y patrones sociales.
Durante su intervención, ha apostado por un enfoque de la parentalidad basado en las relaciones positivas entre padres e hijos, de manera que se garanticen los derechos del niño y el adolescente en el seno de la familia y se optimice su desarrollo. “Dicho de otro modo, ejercer un control parental basado en el afecto, el apoyo, la comunicación, la estimulación y la implantación de rutinas, límites, normas y consecuencias, así como en el acompañamiento y la implicación aceptable en la vida cotidiana de los hijos”, ha subrayado.
El titular de Sanidad ha destacado la importancia del modelo de implantación del programa basado en evidencias para fomentar la parentalidad positiva que llevan a cabo los servicios sociales de Asturias y que incide en la mejora de los determinantes de la salud de las personas.
Asimismo, ha asegurado que el concepto de parentalidad positiva está presente en numerosas políticas de salud pública y en textos como la Ley de Atención Integral en Materia de Drogas, esencial para abordar el problema social y sanitario derivado del uso y abuso de las drogas. En este sentido, el título I, dedicado íntegramente a la prevención del consumo, subraya el papel de las familias como responsables de una educación en valores que fije los límites del comportamiento y ayude a los menores a separarse de hábitos perjudiciales tanto para su salud como para su desarrollo como individuos.
“Me refiero al consumo de las drogas, pero podría hacerlo extensivo a la promoción de la salud y prevención de la enfermedad, el ejercicio físico, a una alimentación saludable y equilibrada y un largo etcétera. La parentalidad positiva es una potente herramienta de salud pública, de esa política que consideramos esencial para ayudar a las personas a mantener y mejorar sus competencias vitales y la salud como herramienta esencial para la libertad”, ha señalado.
Blanco ha recordado los programas que durante esta legislatura ha puesto en marcha Sanidad relacionados con la educación para la salud, la educación afectivo-sexual, la educación para la salud infantil y la educación para la salud en Secundaria. También ha destacado el programa de igualdad y alimentación y el de comedores escolares, dirigido a combatir la epidemia de obesidad y fomentar hábitos de vida saludables en la población infanto-juvenil desde un ámbito de igualdad como el medio escolar.
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