Por Octavio Villa, en El Comercio

GIJÓN. Francisco Castañares (Serradilla, Cáceres, 1960) tiene el conocimiento de la gestión forestal, expresión a la que apela de continuo, que puede tener quien ha trabajado la tierra y ha sido ganadero y de quien se ha formado técnicamente y ha llegado a ser director de Medio Ambiente de la Junta de Extremadura, una región que, con unos cuatro millones de hectáreas, llegó a tener años, en los 90, en los que solo se le quemaban «200 ó 300 mientras en España ardía medio millón de hectáreas)». Impulsó el primer Plan Infoex de gestión forestal contra los grandes incendios y hoy protagonizará, junto con el candidato de Foro a la Presidencia del Principado, Adrián Pumares, una conferencia en el Cibercentro de La Lila, a las siete de la tarde, bajo el título ‘¿Tienen solución los incendios en Asturias?’

–¿La tienen? Y más aún ¿no se veía venir?

–Sí, se veía venir. Asturias y la cornisa cantábrica tienen mucha humedad y un crecimiento muy rápido de la vegetación. En Extremadura una hectárea genera entre dos y cuatro toneladas de materia vegetal cada año, en Asturias son entre seis y doce. Y eso hay que gestionarlo, porque de otra forma cada pocos años se darán las condiciones para un gran incendio forestal, de esos que se sitúan fuera de nuestra capacidad de extinción porque alcanzan temperaturas de 1.200 grados, con lo que el agua se vaporiza antes de llegar a tocar el bosque y a las personas les resulta imposible acercarse lo necesario para apagarlo. –Ciertamente, no todos los incendios forestales son lo mismo. –El empeño urbanita en que todo fuego es malo hace que los montes se acaben convirtiendo en almacenes de pólvora. Fíjese que nuestros equipos de extinción son tan eficientes que apagan el 98% de los incendios, pero esos sólo queman el 2% de las hectáreas. El 2% restante, los grandes incendios forestales, son los que queman la mayor parte de la superficie. O entendemos esto, o estamos condenados a repetirlo una y otra vez, con cada vez más dificultades para regenerar el suelo.

–Dice que hay que gestionar el bosque.

–Sí, es la receta para evitar los grandes incendios. Cuando la vegetación va muriendo se acumula y hay que darle salida, porque de otra forma pasa a ser combustible. La madera tiene salida y es rentable aprovecharla, o al menos no es gravoso. Con el combustible forestal, que es lo que en los incendios en realidad se quema, hay usos energéticos. Los 27,7 millones de hectáreas forestales de España generan biomasa equivalente a 105 millones de barriles de petróleo anuales, el 20% del consumo nacional.

–Pero tal vez es más caro sacarlo del monte que el valor que aporta.

–Hay plantas de biomasa que pagan hasta 60 euros por tonelada, como la de Acciona en Logrosán, que con 50 megavatios de potencia consume unas 275.000 toneladas por año, y eso es rentable. Es cierto que si solo se ve como un gasto público, es un coste alto, pero la clave es el aprovechamiento y la colaboración público-privada. Además, limpiar una hectárea de bosque viene a suponer unos 2.000 euros, pero las actuaciones para detener un incendio suponen unos 19.000 euros por hectárea.

–Los ganaderos usaban el fuego para gestionar el monte.

–¡Desde siempre! Y lo malo es que desde las ciudades se está criminalizando el fuego, cuando su uso está en el origen mismo de la civilización. Los humanos siempre lo hemos aprovechado para gestionar, de forma controlada, los montes. Es más, con incendios controlados lo que se quema es la maleza y se favorece la productividad de los suelos. Pero cuando se dan grandes incendios como los que vemos son fuegos que calcinan todo, por las temperaturas que alcanzan y dejan el subsuelo improductivo. Si no se quiere sacar del monte la maleza por los costes, el uso del fuego técnico es una solución mucho más barata que sacar esa maleza, pero si no gestionamos el bosque, si prohibimos los usos tradicionales del fuego controlado, la dictadura de lo urbano sobre lo rural hará a Asturias arder entera cada pocos años. Los ecologistas de salón piensan en un decorado muy bonito, pero la foto fija no existe, la vegetación crece de continuo y hay que gestionarla, mediante fuegos controlados o mediante su consumo por seres vivos.

–Precisamente, las dificultades que sufren ganaderos y agricultores está vaciando el campo.

–Sí, falta gente en el campo, y precisamente los agricultores y los ganaderos son los que permiten abrir espacios en el monte y gestionarlo en cuadrículas. Extremadura, por ejemplo perdió un millón de habitantes del campo en los años 60. Unos 350.000 se fueron a las ciudades y el resto se marchó de la región. Esa pérdida llenó de matorral todo lo que eran zonas de cultivo y pastoreo, con el consiguiente riesgo de gran incendio. La presencia y la actividad humana es fundamental, la despoblación y la matorralización son lo que genera los incendios más intensos y rápidos.

–Usted fue el impulsor del primer Plan Infoex de gestión contra los grandes incendios en Extremadura. ¿Qué lecciones se pueden extraer de su aplicación?

–He de reconocer que cometimos un error de base, puesto que repartimos mucho los recursos en aplicación de la teoría del pronto ataque, que dice que por cada minuto que se tarda en atacar un incendio la superficie total quemada al final se multiplica de forma exponencial. Ocupamos todo el territorio y sí que es cierto que, por ejemplo, en 1994 se quemaban en España 500.000 hectáreas, mientras en Extremadura unas 200 ó 300. Y llegó 2003 y en mi región ardieron en un año 60.000 hectáreas. ¿Por qué? Seguíamos haciendo lo mismo, y se demostró que cuanto más eficaces eran los medios empleados, más grande será el incendio futuro por la falta de limpieza periódica en el monte. Ahora tenemos claro que a partir de los 15 o 20 años de abandono de la actividad agroganadera en el entorno rural se multiplican los grandes incendios. El uso de los fuegos de baja intensidad ha sido siempre la vacuna contra los grandes incendios.

–Y esos los aplican los ganaderos. Defiende usted que hay que fomentar la colaboración entre bomberos y agroganaderos.

–Sí, Andalucía y Cataluña lo están haciendo. Yo creo que las administraciones deben fomentar que sus bomberos se ocupen de las quemas necesarias en las jornadas más propicias para ello, y a poder ser en colaboración con los agricultores y ganaderos, enseñándoles las formas más adecuadas de emprender y controlar las quemas. Pero frente a eso hay una presión urbanita que generaliza diciendo que el que quema es un criminal o un terrorista.