Por Inaciu Iglesias, en El Comercio

No hay peor cosa que un ignorante con poder. Es una combinación letal. Y seguro que muchos de ustedes están de acuerdo conmigo. Pero si les digo que no me refiero a los gobernantes, sino a los gobernados, más de uno torcerá el gesto. Por más que eso sea, exactamente, lo que somos: pueblos soberanos que no se enteran, poderosos sin conocimiento, ignorantes con poder. Ponemos y quitamos gobiernos, aupamos y destronamos a tiranos, y hacemos uno y otro por las razones más dispares.

El futuro es nuestro. Pero también el presente. E incluso el pasado. Y el día que entendamos el enorme poder que acumulamos, nos entrará un gran vértigo. Y a lo mejor lo empezaremos a disfrutar, porque todo poder conlleva una enorme responsabilidad y una mayor satisfacción. Y por eso nos da tanta pena la gente que no sabe disfrutar lo que tiene. Viven en un paraíso obsesionados con el único árbol del que no pueden comer; detectan los problemas y no las oportunidades; son incapaces de apreciar lo que tienen delante: una hija con talento, una buena posición, una casa en la aldea… Nada les resulta suficiente… Ay si yo tuviera… Lo único que necesito es…

Cuesta entender a toda esa gente que en vez de valorar lo que tiene se dedica a hacer y rehacer listas de lo que le falta. De los muchos agravios sufridos. Y de todo lo que harían si tuvieran no sé qué más. Nos da mucha pena ver a gente así. Pero, atención, porque eso es exactamente lo que llevamos haciendo los asturianos desde hace demasiado tiempo: por lo menos cuarenta años; desde que tenemos democracia. Y eso tenemos que pararlo ya: tenemos que dejar de ver problemas donde otros ven oportunidades; y tenemos que recuperar nuestra autoestima.

Nuestro propio Gobierno dice que, precisamente eso, la recuperación de nuestra autoestima, constituye uno de sus tres mayores éxitos de la legislatura. Los otros dos, por si quieren saberlo, serían la lucha contra la pandemia y la potenciación «brutal» de nuestro turismo. Como a ustedes, a mí también me cuesta sumarme a esta visión tan entusiasta; pero coincido con nuestros gobernantes en señalar que estas tres cosas son prioritarias, necesarias e incluso imprescindibles.