Vivir en Asturias a veces juega una mala pasada. La costumbre de tener el mar a un lado, la montaña al otro y ríos como el Sella a pocos kilómetros hace que, con el tiempo, todo eso se dé por sentado. Se convierte en fondo, en paisaje de carretera, en algo que está ahí pero que ya no se mira. Y mientras tanto, hay gente que viaja desde Madrid, desde Barcelona o desde fuera del país específicamente para hacer lo que muchos asturianos tienen a menos de una hora de casa y nunca han probado.
Ribadesella es uno de esos lugares que los de aquí conocemos de toda la vida pero que, en muchos casos, solo hemos vivido en superficie: la playa en verano, el pescado en el puerto, quizás el Descenso en agosto si hay ganas de multitudes. Pero la villa y su entorno dan mucho más de sí, y parte de ese potencial tiene que ver con el agua, que en este rincón de la costa asturiana aparece por todas partes y en todas sus formas.
El Sella no es solo el Descenso de agosto
Para la mayoría de los asturianos, el Descenso Internacional del Sella es una fecha en el calendario, una tradición, casi una obligación familiar. Pero el río existe los otros once meses del año, y fuera del primer fin de semana de agosto es un lugar completamente distinto: silencioso, verde, con el agua bajando entre choperas y aldeas de piedra sin un alma en los márgenes.
Hacer el descenso del Sella en Ribadesella en cualquier otra época del año es redescubrir un río que creías conocer. El recorrido habitual entre Arriondas y Ribadesella cubre unos doce kilómetros en canoa o kayak, no requiere experiencia previa y permite ver el valle desde una perspectiva que desde la carretera es completamente invisible. Hay tramos donde el silencio es tan denso que cuesta creer que eso está a pocos minutos del centro de la villa.
Es también una actividad que funciona muy bien para quien quiere hacer algo diferente un fin de semana sin salir de la región. Familias, grupos de amigos, parejas que llevan años diciéndose que algún día lo harán y nunca encuentran el momento. Ese momento, a estas alturas, no va a llegar solo.
Lo que ofrece la ría cuando baja la marea
Ribadesella tiene algo que muy pocas villas asturianas pueden presumir: una ría amplia y protegida que convive con la costa abierta del Cantábrico a pocos metros. Esa geografía particular hace que las opciones en el agua se multipliquen más allá del río.
Una de las actividades que más está creciendo entre los propios asturianos que se animan a explorar su costa desde otro ángulo es montar en motos de agua por Ribadesella. Ver los acantilados del litoral desde el mar, con la villa al fondo y los Picos asomando en la distancia en los días claros, es una imagen que muchos conocen de las fotografías pero que sobre el agua tiene una dimensión completamente diferente. La velocidad, el contacto directo con el Cantábrico y esa sensación de tener el norte entero para uno mismo hacen de esta actividad una de las experiencias más recomendables para quienes buscan algo fuera de la rutina sin necesidad de hacer maletas.
No se necesita experiencia previa. Las sesiones incluyen instrucciones antes de salir y acompañamiento durante todo el recorrido, lo que elimina cualquier barrera de entrada para quien nunca ha subido a una moto de agua.
Ribadesella más allá del verano
Uno de los grandes errores que cometemos los asturianos con nuestra propia costa es reducirla a los meses de julio y agosto. Ribadesella en mayo, con el río crecido y los prados en su mejor momento, o en septiembre, cuando el turismo remite y la villa recupera su ritmo habitual, es un destino completamente diferente al que conocemos en verano.
Las actividades en el agua se adaptan a cada temporada. En primavera el Sella baja con más fuerza y los descensos ganan en intensidad. En otoño el paisaje del valle alcanza una riqueza de colores que ningún filtro fotográfico mejora. Incluso en invierno, en los días buenos, la costa de Ribadesella tiene una luz y una calidad de silencio que en verano resultan imposibles de encontrar.
A todo eso se suma la Cueva de Tito Bustillo, que muchos asturianos tienen todavía pendiente a pesar de ser Patrimonio de la Humanidad, y los senderos que suben desde la ría hacia el macizo costero con vistas sobre el Cantábrico que justifican cualquier esfuerzo.
Una propuesta concreta para el próximo fin de semana
No hace falta esperar a que vengan visitas de fuera para tener una excusa. Ribadesella está ahí, a menos de una hora para la mayor parte de los asturianos, con el río, el mar y una oferta de actividades que muchos conocemos solo de oídas. A veces los mejores planes están justo donde siempre han estado, esperando a que alguien se decida a hacerlos de una vez.
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